Entender la Enfermedad Venosa Crónica, una tarea pendiente
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Entender la Enfermedad Venosa Crónica, una tarea pendiente

Por: Carlos Urbina, director de Asuntos Médicos y de Pacientes en Servier


Nota: Epicrisis es el órgano oficial de comunicación del Colegio Médico Colombiano. La opinión y conceptos personales expresados en los artículos firmados por un tercero no reflejan la posición de Epicrisis o del Colegio Médico Colombiano-CMC.


Cuando se habla de salud cardiovascular, la atención suele centrarse en el corazón, la presión arterial o el colesterol. Sin embargo, pocas veces se reconoce el papel fundamental que desempeña el sistema venoso para el correcto funcionamiento del organismo. Esa falta de conocimiento ha hecho que enfermedades como la Enfermedad Venosa Crónica (EVC) permanezcan subdiagnosticadas y, en muchos casos, solo se atiendan cuando ya han avanzado significativamente.

Una forma sencilla de entender su importancia es imaginando la siguiente analogía: las venas son las autopistas de retorno de nuestro cuerpo, una intrincada red que recoge eficientemente la sangre desoxigenada y los desechos de cada célula, dirigiéndolos hacia el corazón y los pulmones, que son nuestra planta central de reciclaje, todo esto para su debida purificación.

Sin esta esencial labor de transporte en nuestro cuerpo, el organismo no podría funcionar adecuadamente. De esta forma, se puede comprender la vital importancia de las venas para nuestra salud integral.

A pesar de su alta prevalencia, la Enfermedad Venosa Crónica continúa siendo una condición poco reconocida por la población general y, en ocasiones, subestimada en sus etapas iniciales. Se estima que cada año se diagnostican cerca de 150 mil nuevos casos cada año solo en los Estados Unidos, mientras que millones de personas presentan algún grado de enfermedad venosa crónica en el mundo. La EVC suele comenzar con molestias en las piernas, progresando gradualmente hacia varices (venas hinchadas), edema (hinchazón por acumulación de líquidos), hiperpigmentación cutánea (hiperpigmentación) y úlceras en etapas avanzadas (heridas abiertas). A veces se complica con trombosis venosa superficial o profunda, que es cuando se forma un coágulo en un vaso sanguíneo y lo obstruye.

La EVC está fuertemente relacionada a las enfermedades cardiovasculares, y respectivamente con el riesgo de mortalidad. En línea, la EVC es similar a otras enfermedades crónicas incapacitantes y perjudicantes como la diabetes, la obesidad y la hipertensión. Con la progresión de las enfermedades crónicas, la necesidad de tratamiento aumenta mientras que la calidad de vida disminuye. Aunque estas enfermedades crónicas suelen considerarse entidades separadas, a menudo coexisten, lo que puede ser importante tanto para comprender su fisiopatología como para determinar la mejor estrategia de tratamiento.

¿Cuáles son los factores de riesgo para la enfermedad venosa crónica?

Aunque suele hablarse de “mala circulación”, la Enfermedad Venosa Crónica responde a múltiples factores que promueven el deterioro progresivo del sistema venoso.

Entre las principales variables de riesgo se encuentran el exceso de peso, bajo nivel de actividad física y estar de pie durante largos periodos. Además, las mujeres tienen mayor vulnerabilidad que los hombres, especialmente durante el embarazo, ya que el aumento del volumen del útero comprime las venas del abdomen, dificultando que la sangre venosa vuelva a fluir desde las piernas. Adicionalmente, la enfermedad venosa crónica también puede estar relacionada con factores genéticos.

Actualmente, existen tratamientos disponibles según la etapa de la enfermedad. La educación del paciente, la actividad física, elevar las piernas y controlar el peso pueden ralentizar su progresión. Los puntos clave para abordar la EVC son:

  1. Mantener un estilo de vida saludable: algunos buenos hábitos —como la actividad física cotidiana, masajes regulares en las piernas, cambios en la dieta y procurar que las piernas estén elevadas unos 15 a 20 centímetros mientras se duerme— ayudan a ralentizar la aparición y progresión de la enfermedad venosa.
  2. Autocuidado y proactividad: si se identifican síntomas, es importante acudir inmediatamente al médico. Independientemente de la etapa de su desarrollo, el autocuidado entendido como prevención y buenos hábitos es esencial para aliviar los síntomas y prevenir las complicaciones de esta enfermedad progresiva.
  3. Existen diversos tratamientos disponibles: adicional al tratamiento farmacológico con la debida orientación y criterio médico, existen mecanismos como las medias elásticas o de compresión, los procedimientos como ablación por radiofrecuencia, el tratamiento láser y la escleroterapia.

Un equilibro entre buenos hábitos y el acompañamiento médico son el primer paso para la prevención y mitigación de la progresión de esta enfermedad.

21 septiembre, 2026

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