Cooperar para transformar la patria: una tarea para la medicina colombiana
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Cooperar para transformar la patria: una tarea para la medicina colombiana

Por: doctor Juan Nicolás Durán Sandoval,  médico de la UIS, residente de anestesiología US y presidente de la Asociación Nacional de Internos y Residentes – ANIR.


Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 41 (Septiembre-Noviembre 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA


Colombia es un país atravesado por profundas divisiones. No solamente políticas o electorales, sino también por distintas maneras de comprender nuestra historia, nuestras desigualdades y las causas de nuestros problemas.

Para unos, buena parte de las dificultades nacionales tiene raíces estructurales: la concentración histórica de la riqueza y de la tierra, las relaciones desiguales de poder y la subordinación de decisiones económicas y estratégicas a intereses particulares extranjeros. Para otros, el principal obstáculo para el desarrollo ha sido la persistencia de la violencia, la criminalidad, la debilidad institucional y la incapacidad del Estado para garantizar seguridad y ejercer autoridad en todo el territorio.

Probablemente ninguna de estas interpretaciones, por sí sola, alcance a explicar la complejidad de Colombia, sus problemas y soluciones. Y pertenecer a una u otra perspectiva tampoco concede automáticamente superioridad moral. Se puede tener parte de la razón y actuar irresponsablemente, del mismo modo que se puede estar equivocado y pretender imponer a los demás una visión cerrada del mundo.

Dr. Juan Durán, presidente de ANIR

Actuar de manera equilibrada y responsable nos lleva a buscar sin descanso la realidad sin
refugiarnos en relatos que se vuelven dogmas y nos alejan de las soluciones parciales que nos
muestra el camino de la brillante perspectiva.

En una sociedad democrática deberíamos podernos aproximar a la verdad mediante la evidencia, la deliberación, la experiencia histórica y el reconocimiento del otro. La verdad puede demorarse, puede incomodar y puede ser temporalmente oculta por intereses particulares, pero tarde o temprano termina confrontándonos con la realidad.

Y hay una realidad que quienes trabajamos en salud conocemos especialmente bien: los mejores sistemas de salud requieren una financiación pública sólida, suficiente y sostenible. Si no partimos de esta realidad y abandonamos las fantasías liberales del individualismo y del debilitamiento del Estado, la cooperación, la solidaridad y la justicia seguirán siendo apenas aspiraciones morales. Y es precisamente aquí donde equivocarnos como sociedad tiene el costo más alto: nuestra vida y la vida de quienes amamos.

Transformar el sistema de salud implica necesariamente transformar también la educación médica.

Durante demasiado tiempo hemos aceptado como inevitables situaciones que no deberían serlo: jornadas desproporcionadas, diferentes formas de maltrato normalizadas como métodos de enseñanza, dificultades económicas para acceder y permanecer en la formación médica, relaciones jerárquicas tóxicas que silencian a estudiantes y residentes.

Cambiar estas condiciones exige superar la idea de que basta con conciliar permanentemente intereses financieros, económicos, institucionales, educativos y sanitarios esperando que, por sí mismo, ese equilibrio se produzca de la mano de quienes encuentran beneficioso el modelo que ha funcionado durante más de 30 años. Debemos ser capaces de establecer prioridades como sociedad y actuar conscientes de que el cambio inicia por nosotros, todos los días.

Desde la Asociación Nacional de Internos y Residentes —ANIR— creemos que ha llegado el momento de discutir esas prioridades con seriedad.

No proponemos soluciones mágicas. Tampoco creemos que exista una reforma capaz de resolver de una vez y para siempre las contradicciones de nuestro sistema. Estamos dispuestos a participar y trabajar en las transformaciones estructurales que Colombia necesita y a impulsar reformas que permitan avanzar sobre ellas. Iniciativas como la Ley Dra. Catalina, junto con las demás reformas necesarias para dignificar la formación de internos, residentes y demás profesionales en formación, deben entenderse como parte de un proyecto más amplio: construir una educación médica de mayor calidad, libre de violencias y compatible con una vida digna.

Pensemos en grande. Pensemos con complejidad. Y construyamos una educación médica y un sistema de salud en la que la dignidad de los colombianos sea nuestro punto partida.◾

21 octubre, 2026

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