Por: Alfredo Mejía Cardozo, médico hospitalario de cirugía plástica de la unidad de quemados del Hospital Simón Bolívar.
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La caída de la natalidad en Colombia plantea una pregunta que va más allá de la demografía: ¿podría afectar, en el futuro, la disponibilidad de tejidos humanos utilizados para tratar quemaduras?
Un recurso biológico que puede cambiar la recuperación de un paciente
En el Hospital Simón Bolívar de Bogotá, reconocido por su trayectoria en la atención de pacientes con quemaduras y por contar con una de las unidades de quemados de mayor relevancia en Colombia, el tratamiento de estas lesiones exige mucho más que controlar el dolor o retirar el tejido dañado. En muchos casos, el objetivo también es proteger la herida, favorecer su recuperación, reducir las complicaciones y preservar la mayor cantidad posible de tejido sano.
En ese contexto, la membrana amniótica humana se ha convertido en una alternativa biológica de gran importancia para el manejo de quemaduras.

La membrana amniótica es una fina capa de tejido que forma parte de las membranas que rodean al bebé durante el embarazo. Después del parto, y siempre que exista consentimiento para la donación y se cumplan los requisitos médicos y de seguridad, este tejido puede recuperarse, procesarse y utilizarse con fines terapéuticos.
Aunque su origen puede parecer sencillo, sus propiedades la convierten en un recurso valioso. La membrana amniótica puede actuar como una cobertura biológica que protege la superficie lesionada, ayuda a mantener un ambiente húmedo favorable para la reparación de los tejidos y puede contribuir a disminuir el dolor y la inflamación local. Además, contiene componentes biológicos relacionados con la regulación de la inflamación y los procesos de cicatrización.
Estos beneficios pueden facilitar el manejo de determinadas heridas y mejorar la experiencia del paciente durante su recuperación. Sin embargo, su utilidad depende del tipo y la profundidad de la lesión, de las condiciones clínicas de cada persona y de la selección adecuada de los casos. No reemplaza todos los tratamientos convencionales ni es una solución universal para las quemaduras graves.
El problema que comienza antes de llegar al hospital
La disponibilidad de este tejido depende de una cadena que comienza mucho antes de su utilización en una sala de procedimientos. Se necesitan nacimientos en los que sea posible obtener la donación, familias o madres que acepten participar, una evaluación rigurosa de los donantes, pruebas de seguridad, personal capacitado, procesamiento especializado, almacenamiento adecuado y sistemas de distribución que permitan que el tejido llegue oportunamente al paciente que lo necesita.
Por eso, la disminución de los nacimientos en Colombia merece una mirada desde la salud pública.
Las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) muestran una tendencia sostenida a la baja. En 2025 se registraron preliminarmente 433.678 nacimientos, 20.223 menos que en 2024, lo que representa una reducción del 4,5 %. Para ese mismo año, la tasa global de fecundidad se estimó en un hijo por mujer, una cifra considerablemente inferior al nivel de reemplazo poblacional, situado alrededor de 2,1 hijos por mujer.
Estas cifras reflejan una transformación demográfica que tendrá consecuencias en distintos sectores de la sociedad. Una de las preguntas que conviene plantear es si también podría tener repercusiones en la disponibilidad futura de tejidos humanos utilizados en medicina.
La relación merece atención: si disminuye el número total de nacimientos, también podría reducirse el universo potencial de placentas disponibles para donación. Y si a esa reducción se suman las restricciones médicas para donar, la falta de información sobre la donación, las dificultades logísticas o la limitada capacidad de procesamiento, conseguir determinados tejidos podría convertirse en un desafío mayor.
Es importante hacer una precisión: todavía no puede afirmarse que la caída de la natalidad haya provocado una escasez de membrana amniótica en Colombia. Para demostrarlo se necesitan datos actuales sobre donaciones efectivas, tejidos recuperados y aprobados, inventarios, distribución y demanda hospitalaria. Sin embargo, la tendencia demográfica sí plantea un riesgo potencial que merece ser estudiado antes de que se convierta en un problema asistencial.
¿Qué pasaría si conseguir membrana amniótica fuera cada vez más difícil?
Para un hospital que atiende pacientes con quemaduras, la disponibilidad oportuna de los recursos terapéuticos puede influir en las decisiones clínicas. Cuando una alternativa biológica está indicada, contar con ella permite incorporarla al plan de tratamiento; cuando no está disponible, el equipo médico debe recurrir a otras opciones apropiadas para cada caso.
Una posible disminución de la oferta de membrana amniótica podría generar varios desafíos:
- Mayor presión sobre los bancos de tejidos. Una menor cantidad de donaciones potenciales podría obligar a fortalecer los programas de captación, mejorar los procesos de recuperación y optimizar el aprovechamiento del tejido donado.
- Dificultades para garantizar una disponibilidad oportuna. Si la oferta no responde a las necesidades clínicas, algunos hospitales podrían enfrentar mayores tiempos de espera o depender de la disponibilidad de otros centros.
- Mayores costos y desigualdades. Si fuera necesario recurrir a productos alternativos más costosos o con disponibilidad limitada, las diferencias entre instituciones y regiones podrían hacerse más evidentes. El acceso a una opción terapéutica no debería depender exclusivamente del lugar donde vive el paciente o de la capacidad económica de su institución.
- La necesidad de fortalecer otras alternativas. La membrana amniótica no es el único recurso para tratar las quemaduras. Los apósitos especializados, las coberturas biológicas o sintéticas y, cuando están indicados, los injertos de piel siguen siendo herramientas fundamentales. El reto consiste en disponer de varias opciones seguras y eficaces, seleccionadas según las necesidades de cada paciente.
Una oportunidad para anticiparse
El descenso de la natalidad no tiene por qué traducirse automáticamente en una crisis de suministro. La cantidad de nacimientos es solo una parte de la ecuación: también importan la organización de los bancos de tejidos, la proporción de donaciones efectivas, el rendimiento del procesamiento, las condiciones de almacenamiento y la forma en que se distribuyen los productos disponibles. Por eso, Colombia debería avanzar en varias líneas de trabajo.
La primera es conocer mejor la situación actual. Se necesitan registros periódicos que permitan saber cuánta membrana amniótica se dona, cuánta se procesa con éxito, cuánto tejido se distribuye, cuáles son las necesidades de los hospitales y en qué regiones existen dificultades de acceso.
La segunda es fortalecer la cultura de donación. Explicar a las familias que ciertos tejidos pueden tener una segunda oportunidad de ayudar a otros pacientes, siempre bajo criterios éticos, consentimiento informado y estrictas condiciones de seguridad, puede contribuir a mejorar la participación en estos programas.
La tercera es consolidar la coordinación entre maternidades, bancos de tejidos y hospitales que atienden quemaduras. Una mejor articulación permitiría aprovechar de manera segura las donaciones elegibles y planificar las necesidades con mayor anticipación.
Finalmente, es necesario impulsar la investigación nacional. Evaluar los resultados clínicos, los costos, la disponibilidad de los tejidos y las alternativas terapéuticas ayudaría a tomar decisiones basadas en evidencia y a diseñar estrategias sostenibles para el futuro.
La donación de tejidos también forma parte de la atención de las quemaduras
Cuando se habla de natalidad, solemos pensar en el envejecimiento de la población, la economía o el futuro de los sistemas de pensiones. Sin embargo, los cambios demográficos también pueden tener repercusiones menos visibles en la medicina, especialmente cuando determinados tratamientos dependen de tejidos de origen humano.
La membrana amniótica es un ejemplo de cómo un recurso que se obtiene después del parto puede contribuir al tratamiento de pacientes que atraviesan una situación completamente distinta: una quemadura.
En unidades como la del Hospital Simón Bolívar, donde la atención de pacientes quemados requiere experiencia, recursos y decisiones oportunas, pensar en la disponibilidad futura de estos tejidos es también pensar en la calidad y continuidad de la atención.
Colombia tiene la oportunidad de anticiparse. La disminución de los nacimientos no debe interpretarse como una sentencia de escasez, sino como una señal para estudiar, planificar y fortalecer los sistemas de donación y bancos de tejidos. Porque detrás de cada tejido disponible hay una cadena de solidaridad, ciencia y organización sanitaria. Y garantizar que esa cadena continúe funcionando puede ser tan importante como desarrollar nuevas técnicas para tratar las quemaduras.













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