El ser humano se encuentra en constante cambio y, a lo largo de los diferentes periodos de la historia, se evidencian las distinciones y variaciones que ejemplifican dichos procesos de transformación (Harari, Y. N. 2014).
Por: Samuel David Barbosa, Esp Pediatria, MSP, MIM, Me-H ©, Estudiante Maestría Bioética y Ética de la Investigación UNIANDES. Coordinador de Gremial y Proyectos – CMC. Miembro de la Sociedad Colombiana de Pediatría – Bogotá.
En el intento por comprender la naturaleza misma del ser, surgen elementos esenciales para su representación; entre ellos, el cuerpo. Al analizarlo en detalle, este ha sido entendido como un “algo” que posee un propietario. En otras palabras, la persona o el ser es dueño de su propio cuerpo. Sin embargo, desde diversas discusiones éticas se ha planteado también que los propietarios del cuerpo podrían ser Dios o la sociedad (Gracia, D. 1998).
Los movimientos y corrientes de pensamiento fundamentados en la ciencia y la tecnología han concebido el cuerpo como un medio, e incluso como una barrera, para alcanzar el “anhelo” de la longevidad, romper la linealidad del envejecimiento y superar las limitaciones actuales en términos de eficiencia y evolución. Desde esta perspectiva, se ha formulado un imperativo moral que promueve la búsqueda de la “mejora biológica” como camino hacia la transformación del ser humano en una entidad intermedia (transhumanismo) y, posteriormente, hacia una nueva especie o sociedad (posthumanismo) (Bostrom, N., 2014, p. 1; Patiño Restrepo, J. F. 2020).
Este análisis permite considerar que el cuerpo se encuentra supeditado al sujeto y a sus deseos, los cuales pueden trascender lo individual para convertirse en aspiraciones sociales o comunitarias. En este sentido, el cuerpo se percibe como “algo”, el cual “debe” transformarse para alcanzar “aquello” que el individuo o la sociedad desean. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿podría pensarse el cuerpo como un ser en sí mismo? No como algo distinto al sujeto que lo posee o representa, sino como parte constitutiva de ese mismo ser; es decir, el cuerpo como “el ser material” del ser humano.
Aunque la sociedad contemporánea plantea múltiples posibilidades de modificación corporal, incluso con el argumento de “errores naturales” frente a las discordancias entre los gametos sexuales y la identidad personal, y somete el cuerpo a diversos cambios, este no deja de ser cuerpo. Por el contrario, continúa siendo la dimensión determinante en la que la persona puede expresarse y vivir. Aún no existe la posibilidad de una “transferencia de cuerpo”, ni puede asumirse que, bajo una lógica industrial, este sea completamente “refaccionado”, “reconstruido” o “fortalecido”. Su temporalidad y dimensiones permanecen, y en él se evidencian las marcas imborrables del tiempo (las cicatrices de los sucesos vividos) que de distintas formas, expresan y “gritan” la realidad de la existencia.
Concebir el cuerpo únicamente como una posesión, algo que me pertenece y está supeditado a “mi voluntad”, puede alejarnos de una comprensión más profunda: el cuerpo no solo me pertenece, sino que me representa. Soy yo mismo en mi corporalidad material, y sin él no podría ser. Persistir en la separación entre cuerpo y ser conduce a una visión jerárquica en el que lo metafísico se sitúa por encima de lo físico; en otras palabras, el ser sin cuerpo se coloca sobre el cuerpo mismo. Desde esta mirada, se legitima su explotación, modificación o manipulación, e incluso se llega a considerarlo defectuoso o erróneo.
En consecuencia, la reflexión bioética sobre el cuerpo exige reconocerlo no solo como una estructura biológica susceptible de intervención, sino como la expresión viva del ser y su dignidad y e invita a pensar sobre los “argumentos” y las “causas” que proponen su modificación.
“…Solo es posible pensar con el cuerpo. Con la emoción, con el sentimiento. Solo es posible pensar con la mortalidad, ¿no es cierto?..” (Han B, 2022).
Nota editorial:
El autor del manuscrito, se encuentra realizando maestría en Bioética y ética de la Investigación en la Universidad de los Andes, con financiación del NIH (National Institutes of Health–USA). El contenido corresponde a una postura personal neutral y orientada exclusivamente al análisis ético y normativo del tema estudiado.
En la elaboración de este manuscrito se utilizó la asistencia de la inteligencia artificial proporcionada por ChatGPT para la corrección exclusivamente a ajustes gramaticales y ortográficos, sin afectar el estilo y contenido del autor.
Bibliografía:
- Bostrom, N. (2014). Introduction—The Transhumanist FAQ: A General Introduction.
- Gracia, D. (1998). La propiedad del cuerpo humano (Cap. 4, pp. 41-52). En Bioética clínica (Colección Ética y Vida N.º 2). Bogotá: Editorial El Búho.
- Han, B.-C. (2022). La tonalidad del pensamiento. Herder Editorial.
- Harari, Y. N. (2014). De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad (Trad. J. A. Bravo). Debate.
- Patiño Restrepo, J. F. (2020). Homo Deus, posthumanismo y transhumanismo [Homo Deus, posthumanism and transhumanism]. Revista Colombiana de Cirugía, 35(1), 17-21. https://doi.org/10.30944/20117582.578
Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 40 (Junio-Agosto 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA










Deja un comentario