El hígado trabaja sin descanso, aunque rara vez reclame atención. Es el órgano interno más grande del cuerpo y participa en cerca de 500 funciones esenciales: procesa sustancias presentes en la sangre, produce bilis y almacena energía, entre otras tareas. Sin embargo, algunas enfermedades hepáticas pueden avanzar durante años sin síntomas claros.
El hígado graso —o esteatosis hepática— y ciertas infecciones virales pueden desencadenar inflamación y, con el tiempo, progresar a fibrosis, cirrosis e incluso cáncer hepático. Detectar el daño en sus primeras fases permite intervenir antes de que la lesión se vuelva más extensa; las posibilidades de recuperación dependen de la causa y del grado de compromiso del órgano.
La grasa acumulada en el hígado también se relaciona con un mayor riesgo cardiometabólico. El sobrepeso, la falta de actividad física, la diabetes tipo 2 y el consumo nocivo de alcohol pueden favorecer su aparición y evolución. Cuando la enfermedad está avanzada, pueden presentarse señales como cansancio persistente, hinchazón en las extremidades, coloración amarilla de la piel o los ojos y molestias abdominales.
“El hígado actúa como un juez del cardiometabolismo: evalúa lo que consumimos y decide qué almacenar, qué transformar y qué poner a circular en la sangre, con efectos directos sobre el corazón y los vasos sanguíneos”, explica el cardiólogo Juan Camilo García, especialista de la Clínica Iberoamérica, en Barranquilla. El médico recomienda no esperar a la mediana edad para revisar factores de riesgo. Desde los 20 años puede ser pertinente una primera valoración de colesterol y glucemia, con controles posteriores según la historia clínica y las indicaciones profesionales.
Hábitos que ayudan a proteger el hígado
El doctor García propone incorporar medidas cotidianas para cuidar la salud hepática y cardiovascular:
- Equilibrar el plato: priorizar verduras, junto con proteínas magras —como pollo o pescado— y carbohidratos de mejor calidad; limitar azúcares añadidos y grasas saturadas.
- Mantenerse activo: procurar al menos 150 minutos de actividad física a la semana y complementar, cuando sea posible, con ejercicios de resistencia.
- Dormir lo suficiente: buscar entre siete y nueve horas de sueño por noche.
- Reducir sustancias nocivas: evitar el consumo de alcohol o reducirlo al máximo, y abstenerse de vapear y consumir sustancias psicoactivas.
- Consultar sobre pruebas: en personas con sobrepeso u obesidad, el profesional de salud puede valorar la necesidad de análisis de función hepática, como transaminasas, y de una ecografía abdominal.
La prevención empieza antes de que aparezcan molestias. Los controles médicos y los hábitos saludables permiten reconocer factores de riesgo y atender alteraciones a tiempo, con beneficios que pueden extenderse del hígado al sistema cardiovascular.









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