Por: Jorge Diego Acosta Correa, asesor de presidencia del Colegio Médico Colombiano
Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 41 (Septiembre-Noviembre 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA
Ante todo, en el entorno crítico actual, marcado por la tragedia natural que no ha afectado gravemente como nación, debo destacar, con admiración, las múltiples manifestaciones de solidaridad efectiva desplegadas en nuestra sociedad por tantas personas y organizaciones de todo tipo -sociales, culturales, religiosas, empresariales, políticas y gremiales-, encaminadas a aliviar las afectaciones sufridas por miles de familias en duelo debido a la pérdida de seres queridos, así como los graves daños materiales ocasionados a sus bienes y pertenencias.
Destaco especialmente las acciones de ayuda solidaria desplegadas por las distintas organizaciones gremiales de médicos y profesionales de la salud, y felicito por ello a sus directivas. La solidaridad, la equidad, la cooperación y la justicia son virtudes ciudadanas que constituyen la base indispensable para el desarrollo humano e integral de los pueblos y para su paz interna y entre las naciones.

Dichas virtudes, desplegadas en la práctica profesional cotidiana y desarrolladas efectivamente por la estructura funcional del sistema de salud, encajan perfectamente con nuestra misión profesional, que consiste en trabajar por la garantía del derecho a la salud de todos, mediante un sistema de cuidado y prestación de servicios acorde con los postulados expresados en la Constitución de nuestra República y en la Ley Estatutaria.
Un sistema que debe encaminarse y construirse día a día con el propósito de ser solidario, equitativo, justo, accesible para todos, de alta calidad, eficaz y eficiente; participativo no solo en su gobernanza, sino también en la articulación de las acciones de cuidado de la salud de las instituciones públicas y privadas con las responsabilidades de cada persona consigo misma, con su familia y con la comunidad.
Para ello, la reforma que hoy requiere necesariamente el sistema, y que evidentemente depende de directrices políticas, debe superar las características del disfuncional modelo actual de aseguramiento individual y fragmentado, centrado en la atención de los enfermos y en la alta complejidad clínico-asistencial, además de ser financieramente insostenible.
Debe establecerse un sistema nacional de cuidado de la salud, garante del derecho fundamental, participativo, sostenible, eficiente, constitucionalmente establecido, territorializado e integral, fundamentado en la atención primaria en salud, domiciliaria, familiar y comunitaria, que integre funcional y operativamente todos los objetivos propios del cuidado de la salud: la intervención intersectorial y transectorial sobre los determinantes físicos, ambientales, sociales, culturales y económicos del estado de salud de las poblaciones, en la diversidad de los territorios; la educación y promoción de una vida sana en los ámbitos físico, mental, familiar, emocional y relacional; la prevención de enfermedades y de las diversas afectaciones a la salud de individuos y poblaciones; la asistencia médica y clínica frente a las enfermedades y a las diferentes afectaciones de la salud de cada persona; la restauración o rehabilitación posibles, así como el mantenimiento de las condiciones funcionales y socioeconómicas de quienes han padecido afectaciones de salud definitivas o temporales; la medicina paliativa para aliviar el sufrimiento y el dolor, físicos o emocionales; y la asistencia integral durante la vejez y al final de la vida.◾













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