Los últimos serán los primeros: darolutamida y una nueva masculinidad en cáncer de próstata
Opinión

Los últimos serán los primeros: darolutamida y una nueva masculinidad en cáncer de próstata

Por: Juan Martín Montoya Osorio. MD, Esp. Epidemiología, MSL oncología Bayer en Países Andinos, Centro América y el Caribe.


Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. N° 41 (Septiembre – Noviembre 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYa


“Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” (Mateo 20:16). Jesús cierra con esta frase la parábola de los obreros de la viña para enseñar que el valor de una contribución no depende del momento en que llega, sino de la fidelidad con que se ejecuta. Esta idea, leída desde la oncología y más allá de la postura de fe del lector, resulta sorprendentemente vigente: en el tratamiento del cáncer de próstata metastásico hormonosensible (mHSPC), la última molécula en incorporarse al arsenal terapéutico está redefiniendo el pronóstico de miles de hombres. Y al hacerlo, nos obliga a repensar también qué significa ser hombre cuando la enfermedad desafía cada supuesto que la historia y la cultura nos han transmitido sobre la masculinidad.

Juan Martín Montoya Osorio

Darolutamida es un inhibidor del receptor de andrógenos de segunda generación (ARPI) que llegó al escenario del mHSPC después de enzalutamida y apalutamida. Sin embargo, el ensayo clínico ARASENS (Smith et al., N Engl J Med, 2022) demostró que la combinación de darolutamida con terapia de deprivación androgénica (TDA) y docetaxel redujo el riesgo de muerte en un 32,5 % frente a TDA más docetaxel solos (HR 0,68; IC 95% 0,57–0,80; p<0,001), con una mediana de seguimiento de 43,7 meses en el brazo de darolutamida. Lo notable no fue solo el beneficio en sobrevida global, sino el perfil de seguridad: darolutamida mostró tasas de fatiga, caídas y fracturas comparables al placebo, un diferencial clínicamente relevante cuando el objetivo es prolongar la vida sin deteriorar su calidad. El último en llegar trajo consigo una propuesta terapéutica que equilibra eficacia y tolerabilidad de una manera que ningún especialista puede ignorar.

Para quienes no están familiarizados con la oncología o la urología, vale la pena detenerse un momento en los esquemas de tratamiento disponibles, porque son precisamente estos esquemas los que determinan lo que le ocurre al cuerpo y a la identidad del paciente. El estándar de cuidado actual para el mHSPC descansa sobre dos grandes estrategias: la dupleta y la tripleta. La dupleta combina la TDA —es decir, la supresión farmacológica o quirúrgica de la testosterona— con un ARPI como abiraterona, enzalutamida, apalutamida o darolutamida. La tripleta agrega a ese esquema un taxano, usualmente docetaxel, un agente quimioterapéutico que actúa sobre el citoesqueleto tumoral. ARASENS evaluó la tripleta TDA + docetaxel + darolutamida en 1.306 pacientes con mHSPC (Smith et al., N Engl J Med, 2022). El ensayo ARANOTE (Saad et al.,J Clin Oncot, 2024), por su parte, demostró que la dupleta TDA darolutamida también reduce significativamente el riesgo de progresión radiológica o muerte (HR 0,54; IC 95% 0,41–0,71; p<0,0001) en comparación con TDA sola. La elección entre dupleta y tripleta depende de la presentación de las metástasis en el momento del diagnóstico, el volumen de enfermedad, el estado funcional del paciente y sus comorbilidades: el médico tratante, apoyado en una valoración integral, decide qué combinación maximiza el beneficio sin comprometer la calidad de vida.

Pero el impacto de estos esquemas no se mide únicamente en hazard ratios , OS o rPFS. Hay una dimensión del cáncer de próstata que trasciende la supervivencia y que rara vez abordamos con la misma rigurosidad: la vivencia de la identidad. La TDA, piedra angular de cualquiera de estos esquemas, induce un estado de castración bioquímica que confronta directamente algunos de los atributos sobre los que la cultura ha construido tradicionalmente la imagen de lo masculino. Pérdida de la libido, disfunción eréctil, oleadas de calor, fatiga crónica, labilidad emocional. Cada uno de estos síntomas puede erosionar, silenciosamente, la autoimagen de un hombre que ya carga con el peso de un diagnóstico oncológico, sobre todo cuando esa autoimagen se ha apoyado durante décadas en marcadores físicos que ahora cambian. Para muchos pacientes, la pregunta no formulada pero omnipresente es: si mi cuerpo ya no responde como antes, ¿sigo siendo el mismo de siempre?

Lo que muchos pacientes no saben, y que a menudo tampoco se les explica, es que a la carga sintomática propia de la TDA se puede sumar el efecto de los mismos ARPIs. Enzalutamida y apalutamida, al penetrar con mayor facilidad la barrera hematoencefálica, pueden provocar síntomas adicionales: fatiga de mayor intensidad, caídas, deterioro cognitivo, convulsiones en pacientes susceptibles y trastornos del sueño, que se superponen y agravan el cuadro de andropausia inducida por la TDA. Darolutamida, por su estructura molecular y su muy baja penetración al sistema nervioso central, no añade esa capa de toxicidad neurológica. Los análisis de calidad de vida de ARASENS (Smith et al., 2022) y los datos de ARANOTE (Saad et al., 2024) confirman que los pacientes tratados con darolutamida mantienen puntuaciones de bienestar funcional y fatiga comparables a las del grupo control, lo que no es un detalle menor cuando el tratamiento se extiende por años aumentado la supervivencia de este grupo de pacientes. Elegir con criterio no es solo una decisión farmacológica: es también un acto de respeto hacia la persona que habita ese cuerpo en tratamiento.

Aquí es donde el médico necesita ejercer un liderazgo que va más allá de la prescripción. No basta con explicar mecanismos de acción y curvas de Kaplan-Meier. Necesitamos abrir un espacio de conversación sobre identidad, sobre roles familiares, sobre lo que significa ser pareja, padre o abuelo cuando el cuerpo cambia de maneras que nadie anticipó y que casi nadie nos enseñó a nombrar. Un hombre que comprende y resignifica los cambios que atraviesa tiene mayor adherencia al tratamiento, mejor calidad de vida y, probablemente, mejores desenlaces. El liderazgo consciente en la consulta implica validar la vivencia del paciente sin minimizarla y acompañarlo en la construcción de una masculinidad que no dependa exclusivamente de la testosterona para sostenerse.

Pero este liderazgo no puede recaer únicamente en el médico de cabecera. Se requiere un esfuerzo articulado de todos los actores del sistema: aseguradoras y EPS que garanticen el acceso oportuno a esquemas de tripleta o dupleta según la evidencia vigente; agencias regulatorias y comités de evaluación de tecnologías en salud que agilicen los procesos de análisis y adopción de nuevas terapias con evidencia de beneficio en supervivencia y calidad de vida; instituciones académicas y centros de investigación que lideren o participen en ensayos clínicos desde nuestra región, generando evidencia propia y contextualizada; y una industria farmacéutica comprometida con la transparencia y el acceso equitativo. Estudiar, evaluar y aprobar nuevos tratamientos no es un trámite burocrático sino el paso que media entre el laboratorio y la vida de un paciente real.

Pero este liderazgo no puede recaer únicamente en el médico de cabecera. Se requiere un esfuerzo articulado de todos los actores del sistema: aseguradoras y EPS que garanticen el acceso oportuno a esquemas de tripleta o dupleta según la evidencia vigente; agencias regulatorias y comités de evaluación de tecnologías en salud que agilicen los procesos de análisis y adopción de nuevas terapias con evidencia de beneficio en supervivencia y calidad de vida; instituciones académicas y centros de investigación que lideren o participen en ensayos clínicos desde nuestra región, generando evidencia propia y contextualizada; y una industria farmacéutica comprometida con la transparencia y el acceso equitativo. Estudiar, evaluar y aprobar nuevos tratamientos no es un trámite burocrático sino el paso que media entre el laboratorio y la vida de un paciente real.◾

Declaración de conflicto de interés: El autor, Juan Martín Montoya Osorio, es médico cirujano y especialista en epidemiología, y se desempeña actualmente como Medical Science Liaison (MSL) en Bayer S.A. Colombia. Este artículo surge de una iniciativa personal y académica del autor; no contó con financiamiento, revisión ni patrocinio de ningún tipo por parte de Bayer S.A. Colombia ni de ninguna otra entidad. Las opiniones aquí expresadas son exclusivamente del autor y no representan la posición oficial de Bayer S.A. Colombia.

11 octubre, 2026

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