Trasplantar un órgano: la coordinación invisible que empieza antes de la cirugía
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Trasplantar un órgano: la coordinación invisible que empieza antes de la cirugía

Una llamada puede cambiar el curso de la vida de una persona que espera un trasplante. Desde ese momento, en la Fundación Valle del Lili se pone en marcha una operación que puede reunir a cerca de 150 personas y exige coordinar, en paralelo, evaluaciones médicas, preparación quirúrgica y transporte del órgano.

La cadena comienza con la notificación de un posible donante. Los equipos verifican las condiciones del donante y de sus órganos, mientras coordinan con la Red Nacional de Donación y Trasplantes la asignación correspondiente. Al mismo tiempo, evalúan si el paciente receptor está en condiciones de someterse a la cirugía, preparan el quirófano y organizan la extracción, conservación y traslado del órgano.

La precisión es decisiva. El órgano debe llegar en condiciones adecuadas, pero la rapidez no puede estar por encima de la seguridad del paciente. Antes de avanzar, es necesario confirmar su viabilidad y compatibilidad, y mantener las condiciones de conservación durante todo el trayecto.

“Un trasplante no puede entenderse como una cirugía aislada. Es el resultado de un sistema completo trabajando de manera sincronizada”, explica el doctor Jhon Bernardo Ortiz Micolta, coordinador operativo de Trasplante de la Fundación Valle del Lili.

La necesidad supera la disponibilidad

En Colombia, 1.361 personas recibieron un trasplante de órgano durante 2025. No obstante, en febrero de 2026 el Instituto Nacional de Salud reportó que 4.123 personas necesitaban uno. Las cifras muestran el tamaño de la necesidad y la relevancia de una red capaz de conectar a donantes y receptores de manera segura.

En el corazón de esa red está el tiempo. El corazón, por ejemplo, tiene un periodo de conservación limitado, por lo que su traslado requiere una coordinación rigurosa y condiciones controladas. La Fundación Valle de Lili ha documentado operativos en los que órganos han viajado desde ciudades como Bogotá y Cartagena hasta Cali.

“Cada minuto importa, pero también es fundamental no tomar decisiones apresuradas que comprometan la seguridad del receptor”, señala el doctor Ortiz Micolta. La premura, en este contexto, no significa improvisar; exige anticipar cada etapa y mantener informados a los equipos involucrados.

La Unidad de Trasplantes de la Fundación opera las 24 horas, todos los días de la semana. Su labor no se limita a coordinar la intervención; también acompaña a los pacientes desde su preparación, continúa durante la hospitalización y se extiende con controles y seguimiento a largo plazo.

Capacidad para responder a casos complejos

La Fundación Valle del Lili inició su trayectoria en trasplantes en 1996. Desde entonces ha desarrollado programas para pacientes adultos y pediátricos, con donantes vivos y fallecidos, además de procedimientos combinados que permiten trasplantar más de un órgano.

Con corte a septiembre de 2026, la institución había realizado 133 trasplantes de órganos sólidos. El balance incluyó 59 trasplantes de riñón, 23 de hígado, seis de corazón y siete de pulmón; también se hicieron 11 trasplantes combinados de riñón y páncreas y dos de riñón e hígado. Dentro de los programas con donante vivo se efectuaron otros 16 trasplantes de riñón y nueve de hígado, incluidos en el total.

Ese recorrido ha permitido ampliar la capacidad para atender situaciones de alta complejidad. En 2026, la institución realizó su primer trasplante de hígado de adulto con donante vivo, tras varios años de preparación y entrenamiento especializado.

Cada procedimiento requiere que equipos de cirugía, anestesia, cuidados intensivos, laboratorio y coordinación estén listos en el momento oportuno. La exigencia aumenta en trasplantes pediátricos y en operaciones que involucran varios órganos, donde la articulación entre disciplinas es esencial.

El resultado también se mide en la vida diaria

El éxito de un trasplante no se agota en la cirugía. El seguimiento permite observar la evolución del paciente, el funcionamiento del órgano y las posibilidades de recuperar actividades cotidianas: estudiar, trabajar, compartir con la familia o volver a espacios que forman parte de su identidad.

“La experiencia acumulada y el seguimiento de los pacientes a lo largo de los años nos permiten conocer su evolución mucho después del trasplante”, afirma el doctor Jorge Iván Villegas Otálora, cirujano de trasplantes de la Fundación Valle del Lili. Esa continuidad, añade, respalda la confianza de los pacientes y sus familias.

En el marco del Día Mundial de la Donación de Órganos, Tejidos y Trasplantes, que se conmemora el 14 de octubre, la Fundación destaca tanto la labor de los equipos como la decisión de donar. Entre ambos existe una cadena de cuidado que transforma la generosidad de una persona y su familia en una oportunidad para alguien que espera.

La operación puede desarrollarse en pocas horas, pero detrás de ella hay años de experiencia, preparación permanente y seguimiento clínico. El trasplante ocurre en el quirófano; la posibilidad de volver a la vida cotidiana se construye antes y continúa mucho después.

14 octubre, 2026

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