Responsabilidad médica y mujeres: ¿Ser mujer impacta en la responsabilidad profesional médica?
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Responsabilidad médica y mujeres: ¿Ser mujer impacta en la responsabilidad profesional médica?

Cerca de un siglo después del ingreso de las mujeres a la práctica profesional médica y de la cobertura a las mujeres en los sistemas de salud del mundo desarrollado y en desarrollo se evidencian resultados diferentes solo por el hecho de ser mujeres.

Por: Liliana M. Tamara P.,  médica, especialista en bioética, especialista en auditoría en salud, MSci Protección social, cuidados paliativos domiciliarios particulares, profesional especializada forense, consultora atención integral a víctimas de violencias sexuales, catedrática de realización de informes periciales en responsabilidad profesional en escenarios de salud


Hay algunos hechos que son motivo de la reflexión:

Las diferencias de salud entre mujeres y hombres aumentan con la edad, dejando a las mujeres con mayores niveles de enfermedad y discapacidad a lo largo de su vida, ya que tienden a vivir más tiempo que los hombres.

Las personas adultas mayores hospitalizadas tratadas por internistas mujeres con cobertura de Medicare en Estados Unidos tienen menos mortalidad y readmisión que si son atendidas por hombres.

Las mujeres en Florida con infarto agudo de miocardio tienen menos probabilidades de sobrevivir si las trata un médico, que si las trata una médica excepto si estos tienen experiencia en tratar mujeres con infarto.

El 24 % de las médicas han sido demandadas a lo largo de su carrera profesional, en comparación con el 36,8 % de sus colegas hombres.

De los informes periciales por presunta responsabilidad profesional generados en el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia entre 2016 y 2020, el 64 % eran casos de mujeres y de estos, el 39 % fueron debidos a casos atendidos por ginecología y obstetricia.

Estos datos muestran diferencias relacionadas únicamente con el hecho de haber nacido mujer, ya sea en la condición de -profesional o paciente y con una relación específica con la maternidad y con el aparato reproductor de las mujeres-. Una quinta parte de las demandas por parte de mujeres están dadas por la atención de embarazos que terminaron en aborto, en embarazos ectópicos, en parto, con o sin lesiones a la mujer gestante, al feto o incluso la muerte de alguno o de los dos; o por patologías ginecológicas y sus manejos.

Hay series en las cuales se identifica el error diagnóstico de patologías ginecológicas e incluso cáncer con luchas físicas y emocionales devastadoras, con repercusiones incluso en la sobrevida de las mujeres. Seguidas por lesiones previsibles, pero no siempre evitables de procedimientos reproductivos, afectaciones diferenciadas del uso de medicamentos para las mujeres, falta de consentimiento informado en la atención de las mujeres en los ámbitos de salud y lesiones físicas y psicológicas asociadas a la atención durante el parto.

Reflexionar sobre los riesgos aumentados para las mujeres, debido a la frecuencia de intervenciones médicas necesarias para eventos significativos relacionados con la reproducción, nos permite identificar prácticas humanizadas de atención en todos los niveles y específicamente en aquellas áreas en las cuales se requieren procesos de desnaturalización de prácticas nocivas relacionadas con la condición de ser mujer. Por ejemplo, la idealización de la maternidad al ser un proceso para el que biológicamente se está capacitada pero que implica una relación diferente con el cuerpo y con el entorno. O cuando se asume que la mujer no debe quejarse, que debe casi que disfrutar o aguantar por sacrificio todo malestar porque primero está el “bebé”; y se le señala con frases como “¿Cómo para quedar embarazada no gritaba y ahora (a la hora del parto) si lo hace?

Son claras culpabilizaciones, tanto por el ejercicio de la sexualidad, como por el no cumplimiento del sacrificio de las mujeres por sus hijos o hijas. Estas concepciones hacen que se postergue la anestesia durante el parto, que no se proteja el periné con el sumo cuidado, se hagan maniobras dolorosas y riesgosas, aun cuando estén reglamentadas las primeras y proscritas las últimas.

Recientemente, los desarrollos del manejo de la fertilidad, como vientres subrogados, donación de folículos para fertilización in vitro, o tamizaje de marcadores genéticos asociados a cáncer de mama u ovario imponen nuevos retos para identificar los lineamientos de práctica clínica en el entorno nacional; demostrando como la investigación científica sigue estando atrás del desarrollo de prácticas innovadoras en atención en salud y dejando a las personas y sociedades expuestas a riesgos no previstos.

En un sentido similar los casos en los cuales, está asociada la demanda con procedimientos estéticos, bien sea quirúrgicos o no, hay una proporción diferente entre mujeres y hombres que se someten a estos procedimientos. En 2024, la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética informó que el 84% de todos los procedimientos cosméticos (quirúrgicos y no quirúrgicos) se realizaron en mujeres. En la mayoría de los ámbitos sociales, los estándares de belleza son más altos para las mujeres que para los hombres y la industria tiene un interés importante en la norma social de la imagen corporal negativa, especialmente en el caso de las mujeres.

Dada la naturaleza electiva de la medicina estética, la mercantilización de la belleza, los conflictos de interés, la subjetividad respecto a los estándares de resultados, el auge de proveedores no médicos, el papel de los influencers en redes sociales y el marketing médico se generan conflictos éticos y jurídicos.

Es un panorama dirigido por el consumo, más que por estándares profesionales basados en la evidencia de la investigación científica, aunado a la presión psicológica que se puede ejercer sobre las mujeres que están pasando por momentos críticos de su vida, divorcios o separaciones, postparto y cambios de su imagen corporal, adolescencia y adultez mayor, entre otras.

En los procedimientos estéticos genitales se debe incentivar a los profesionales de la medicina a educar a las mujeres sobre su anatomía y ayudarles a apreciar las variaciones individuales, incluidas las transiciones a lo largo del ciclo de vida reproductivo; especial importancia hacia asesoramiento a las mujeres que solicitan cirugía y procedimientos estéticos genitales femeninos que no están médicamente indicados.

Así, en las afectaciones derivadas de la atención en salud a mujeres se requieren cambios de paradigmas respecto a los constructos sociales exigidos, pero también a los modelos de interacción entre los profesionales de la medicina y las pacientes, de tal forma, que la toma de decisiones ante cada situación vaya más allá de ejercer la no maleficencia, beneficencia, autonomía y justicia como principios de la bioética.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 40 (Junio-Agosto 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA

25 junio, 2026

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