Entre la investigación médica y la responsabilidad moral: una carta inspirada en Heather Douglas.
Opinión

Entre la investigación médica y la responsabilidad moral: una carta inspirada en Heather Douglas.

Queridos colegas investigadores:

Dirijo estas palabras a los profesionales de la salud que, como yo, se sienten llamados por la investigación, pero que también se inquietan ante prácticas o decisiones que suscitan dudas éticas en el quehacer científico. A todos ustedes los invito a leer y a regalarse un momento de reflexión personal.

Reconocemos la importancia del papel que ha tenido la investigación biomédica y epidemiológica en nuestra práctica clínica. Gracias a ella contamos con mejores procedimientos, tratamientos y estándares de atención. La investigación ha permitido que nuestras decisiones estén guiadas por protocolos y guías basadas en la evidencia, ofreciendo mayor seguridad a nuestros pacientes. Cada vez más médicos en formación se sienten llamados a participar activamente en proyectos de investigación, convirtiéndola en una actividad complementaria o incluso central en su vida profesional. Resulta fascinante observar la creación de programas de posgrado, maestrías y doctorados que fomentan la curiosidad, la creatividad y la construcción del conocimiento, haciendo de la investigación una metodología de aprendizaje en sí misma.

Sin embargo, este desarrollo del perfil profesional no siempre viene acompañado de una formación sólida y profunda en ética. Con frecuencia, el acercamiento ético se reduce a cumplir con la aprobación de un comité y cumplir con una lista de chequeo. Durante mis primeros años como joven investigador, aprendí de mis mentores sobre estadística, bases de datos, redacción científica, estrategias de publicación, entre otros temas. Pero muy pocas veces se abrió el espacio para cuestionar los dilemas morales implicados en nuestras decisiones o para reflexionar sobre las consecuencias éticas y sociales de nuestros resultados.

Fue acercándome a autoras como Douglas (2000) que comprendí que la ciencia no solo se sostiene en valores epistémicos, como la precisión o la coherencia, sino también en valores éticos y sociales que atraviesan toda práctica científica. Douglas desarrolla el concepto de riesgo inductivo, es decir, el riesgo de error al aceptar o rechazar una hipótesis o conclusión bajo condiciones de incertidumbre. Este riesgo nos obliga a considerar las consecuencias de equivocarnos, ¿qué implica para nosotros fallar en la interpretación de un resultado o minimizar un riesgo? Asumir el riesgo inductivo significa, por lo tanto, asumir nuestra responsabilidad moral y evaluar cuidadosamente las decisiones que tomamos en cada etapa del proceso científico.

Douglas señala tres momentos en los cuales los valores no epistémicos son inevitables, como lo es la selección de la metodología, la interpretación de los datos, y la aceptación o rechazo de la hipótesis. Estas decisiones nunca son completamente neutrales ni ajenas a la incertidumbre. Cada una implica un juicio moral sobre qué riesgos son aceptables y qué consecuencias estamos dispuestos a asumir. El análisis ético, entonces, trasciende de una lista de chequeo o un formato para el comité de ética, pues debe acompañarnos de forma reflexiva en todo el quehacer científico.

Desde esta perspectiva, la filósofa Heather Douglas (2003) también reflexiona sobre otro tema que a menudo descuidamos, como es la tensión entre la autonomía científica y la responsabilidad moral. El médico investigador goza de una gran capacidad de autogestión, pero esa autonomía conlleva una exigencia, reconocerse como un agente moral, capaz de prever las consecuencias de sus actos. Con el tiempo, al profesionalizar la investigación, hemos tendido a separar las responsabilidades morales generales, de las responsabilidades propias de nuestra profesión como médicos investigadores. Así mismo, en muchos contextos todavía faltan estructuras institucionales sólidas que refuercen ese reconocimiento del investigador como agente moral. Cada decisión, desde el diseño hasta la publicación de resultados, tiene consecuencias éticas y sociales que deben ser razonadas y deliberadas con cuidado.

Por lo tanto, esta responsabilidad moral no es opcional o delegable. Si creemos que otros pueden asumirla por nosotros, debemos aceptar también que perderemos nuestra autonomía. El investigador solo puede reclamar autonomía cuando reconoce su responsabilidad moral.

No pretendo en este espacio explicar la obra de Heather Douglas, sino invitar a mis colegas a acercarse a pensadores como ella e incorporar el análisis ético como parte natural de nuestra cotidianidad. Así como dedicamos tiempo a leer nuevos artículos, planear nuevos proyectos y aprender sobre innovadoras herramientas de análisis, también deberíamos alimentar nuestro razonamiento moral.

Solo así podremos aportar a la medicina con honestidad, transparencia, humanidad y responsabilidad, recordando siempre que el fin último de nuestra labor como médicos investigadores es y será el bienestar de los pacientes.

Con altos sentimientos de gratitud y esperanza,
Manuel Latorre Quintana, MD, Esp, MSc (c)Médico y cirujano, MSc (c) Bioética y ética de la investigación

Declaración de uso de inteligencia artificial:
Este texto fue revisado con apoyo de una herramienta de inteligencia artificial (ChatGPT), usada solo para afinar la redacción y la ortografía, sin alterar su contenido ni su voz original.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 40 (Junio-Agosto 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA

23 junio, 2026

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