Soy apasionado de la historia de las ideas. De la filosofía, los libros y los grandes pensadores que están detrás de cada concepto que ha transformado la civilización.
Por: Juan Martín Montoya Osorio MD, Esp. Epidemiología, Candidato a Mg en Salud pública y políticas públicas.
Pero hay una idea que me interesa particularmente: no por su elegancia intelectual, sino por su urgencia y relevancia clínica, y es la idea de masculinidad. Porque, a diferencia de las ideas que estudiamos en los libros, la masculinidad es una idea que nuestros pacientes llevan encarnada, y el cáncer de próstata la pone en crisis de una manera que la medicina rara vez se detiene a examinar.
Immanuel Kant, en su “Crítica de la razón pura*”, estableció que nunca accedemos a la realidad tal como es (el noúmeno), sino a una representación mediada por nuestros sentidos y categorías mentales: el fenómeno. Lo que llamamos “realidad” es siempre una construcción subjetiva. Si aplicamos esta lógica a la masculinidad, aquello que un hombre considera “ser hombre” no es una verdad objetiva ni una propiedad biológica inmutable, sino una representación construida por la cultura, la crianza, los referentes y la experiencia personal. Es un fenómeno, no un noúmeno. Y, como todo fenómeno, puede y debe ser reexaminado cuando las circunstancias cambian o lo exigen.
Immanuel Kant, en su “Crítica de la razón pura*”, estableció que nunca accedemos a la realidad tal como es (el noúmeno), sino a una representación mediada por nuestros sentidos y categorías mentales: el fenómeno. Lo que llamamos “realidad” es siempre una construcción subjetiva.
Si aplicamos esta lógica a la masculinidad, aquello que un hombre considera “ser hombre” no es una verdad objetiva ni una propiedad biológica inmutable, sino una representación construida por la cultura, la crianza, los referentes y la experiencia personal. Es un fenómeno, no un noúmeno. Y, como todo fenómeno, puede y debe ser reexaminado cuando las circunstancias cambian o lo exigen.
Y aquí es donde la medicina tiene una deuda. Hemos perfeccionado los esquemas de tratamiento, discutimos con sofisticación los ensayos clínicos y los perfiles de seguridad, pero seguimos siendo torpes para abordar la dimensión existencial de lo que le hacemos a un paciente cuando le suprimimos la testosterona. La consulta médica debería ser también un espacio donde se acompañe esa reconstrucción identitaria.
No con frases vacías de autoayuda, sino con la disposición genuina de escuchar a un hombre que se pregunta si sigue siendo válido, si sigue siendo deseable, si sigue siendo necesario. Kant nos enseñó que la realidad se construye, muta y se modifica, y el médico puede ayudar a que esa reconstrucción no se haga en soledad.
La historia de las ideas nos muestra que los conceptos más poderosos son aquellos que se adaptan sin perder su esencia. La democracia, la justicia, la dignidad humana: todas han sido redefinidas a lo largo de los siglos sin dejar de ser lo que son. La masculinidad merece el mismo tratamiento.
Un hombre con cáncer de próstata que pierde la libido pero gana la valentía de hablar de su miedo; que pierde masa muscular, pero sostiene a su familia con su presencia; que pierde el vigor, pero no la ternura, no es menos hombre. Es, quizás, más hombre que nunca, porque ha tenido que elegir conscientemente quién quiere ser cuando el cuerpo ya no decide por él. Esa sí es una idea poderosa que vale la pena defender.
Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 40 (Junio-Agosto 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA










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