Péptidos sin control médico: Una tendencia que alerta y preocupa a los especialistas en endocrinología
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Péptidos sin control médico: Una tendencia que alerta y preocupa a los especialistas en endocrinología

El Invima alertó sobre la venta ilegal de estos productos, mientras la OPS llamó a reforzar la vigilancia ante su uso sin supervisión médica.

Las redes sociales y las plataformas digitales se han llenado de ofertas de “péptidos” presentados como fórmulas milagrosas para bajar de peso, ganar músculo o rejuvenecer. Los péptidos son pequeñas cadenas de aminoácidos, los mismos componentes que forman las proteínas, que cumplen diferentes funciones en el organismo.

Algunos actúan como mensajeros y ayudan a transmitir señales entre células y órganos para regular procesos como el apetito, la glucosa en la sangre, el crecimiento, el balance de agua, la tensión arterial y el metabolismo óseo.

Precisamente por su capacidad para intervenir en diferentes funciones del organismo, algunos péptidos se utilizan como medicamentos y cuentan con evidencia científica y aprobación sanitaria para determinadas enfermedades.

Una tendencia que crece en redes sociales

El problema aparece cuando estos productos se comercializan como si todos fueran seguros o beneficiosos por el simple hecho de ser péptidos. En los últimos meses, las redes sociales se han convertido en un canal para ofrecer sustancias de este tipo como soluciones rápidas para adelgazar, aumentar masa muscular o rejuvenecer, muchas veces sin respaldo médico y sin que el consumidor pueda saber con certeza qué contiene el producto que está comprando.

Esta práctica encendió las alarmas del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), que recientemente alertó a la ciudadanía sobre la creciente comercialización ilegal de estos productos, la mayoría sin registro sanitario y sin que su calidad, seguridad o eficacia hayan sido evaluadas por la autoridad sanitaria colombiana.

La advertencia coincide con un llamado similar de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que instó a los países de la región a reforzar la farmacovigilancia ante el aumento de eventos adversos asociados al uso indebido de un grupo de tratamientos inyectables indicados para la diabetes tipo 2 y, en ciertos casos, para la obesidad, pero que cada vez más se consiguen y se aplican sin evaluación clínica.

La ACE fija una alerta desde la evidencia científica

Frente a este panorama, la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo (ACE) decidió fijar una posición y contribuir al debate desde la evidencia científica y el conocimiento especializado. Para la Asociación, es fundamental que los pacientes y la ciudadanía comprendan qué son los péptidos, cuáles tienen un uso médico respaldado por la ciencia y cuáles se están comercializando sin las garantías necesarias de calidad, seguridad y eficacia.

La doctora Pilar Cristina Ruiz, endocrinóloga, especialista en medicina interna y miembro de número de la ACE, explica que los péptidos pueden cumplir diferentes funciones en el organismo y que algunos actúan como mensajeros del cuerpo, transmitiendo señales entre células y órganos.

Participan, entre otros procesos, en la regulación de la glucosa, el apetito, el crecimiento, el balance de agua, la tensión arterial y el metabolismo óseo. Por esta razón, la ACE hace un llamado a diferenciar entre los péptidos utilizados como medicamentos, que cuentan con evidencia científica, indicaciones específicas y respaldo de las autoridades sanitarias, y aquellos productos que se ofrecen por canales no autorizados, con promesas que no necesariamente corresponden con su seguridad o eficacia.

“Como Asociación científica tenemos la responsabilidad de orientar a la población frente a tendencias que pueden impactar su salud. No todos los péptidos tienen las mismas características ni los mismos usos. Existen medicamentos de esta familia con evidencia científica, indicaciones precisas y estándares de calidad, pero también productos que se comercializan por redes sociales y canales no autorizados sin garantías sobre su composición, seguridad o eficacia. Desde la ACE hacemos un llamado a que estas decisiones no se tomen a partir de testimonios o promesas comerciales, sino de una valoración médica, un diagnóstico individual y el respaldo sanitario correspondiente. La educación de los pacientes y la promoción de un uso seguro y responsable de los medicamentos hacen parte de nuestro compromiso con la salud de los colombianos”, señala la doctora Ruiz.

Los riesgos van más allá de que el producto no funcione

La especialista advierte que quienes se aplican estos productos sin valoración médica o los adquieren por canales no autorizados corren riesgos que van mucho más allá de que el tratamiento simplemente no funcione.

Al no existir un control real sobre lo que contiene el frasco o la ampolla, el producto puede contener sustancias tóxicas, estar contaminado con microorganismos, tener una dosis incorrecta, provocar reacciones alérgicas o interactuar peligrosamente con otros medicamentos. También puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad real y generar complicaciones en el manejo de la glucosa, los riñones, el hígado o el sistema endocrino en general.

El riesgo es mayor en personas con diabetes, enfermedades previas del páncreas, la vía biliar, el riñón, el hígado o el corazón, antecedentes de cáncer o de trastornos hormonales y glandulares que involucren la hipófisis, la tiroides o las glándulas suprarrenales, pacientes que toman anticoagulantes o medicamentos que modulan el sistema inmunológico, mujeres embarazadas o en lactancia, niños en crecimiento y adultos mayores, más vulnerables frente a estos efectos. Incluso los deportistas de alto rendimiento pueden verse afectados, pues el uso de ciertos péptidos puede estar prohibido por las normas antidopaje.

No todos los péptidos son iguales

La Asociación aclara que no todos los péptidos son sospechosos ni deben ser asociados con productos ilegales o de origen incierto. Existen numerosos medicamentos de esta familia con evidencia científica sólida y uso médico aprobado, empleados, por ejemplo, en el manejo de la diabetes, el tratamiento de ciertos trastornos hormonales y tumores neuroendocrinos, programas de fertilidad, algunas condiciones del desarrollo infantil y el manejo de la osteoporosis, entre otros usos.

La diferencia está en el respaldo científico, el registro sanitario, la calidad del producto, una indicación médica adecuada y el seguimiento de un profesional de la salud.

Señales de alerta para los pacientes

Para ayudar a los pacientes a identificar un producto potencialmente riesgoso, la especialista recomienda prestar atención a varias señales de alerta:

  • Que se venda únicamente por redes sociales o servicios de mensajería instantánea.
  • Que no tenga registro sanitario del Invima.
  • Que prometa ser la solución para múltiples enfermedades al mismo tiempo.
  • Que ofrezca resultados “rápidos, garantizados, sin efectos secundarios” o “100 % naturales”.
  • Que se respalde únicamente en testimonios o fotografías de influenciadores y no en estudios clínicos controlados.
  • Que el vendedor no pueda explicar cuáles son los estudios que sustentan su indicación.
  • Que no informe el fabricante, lote o fecha de vencimiento.
  • Que se entregue sin fórmula médica, sin historia clínica y sin ningún seguimiento posterior.

“Nuestro mensaje desde la Asociación Colombiana de Endocrinología es educativo y preventivo. Los péptidos deben utilizarse con indicación médica, respaldo científico y seguimiento profesional. Alertamos especialmente sobre los productos promocionados por redes sociales o canales no autorizados, porque el paciente puede desconocer su composición y los riesgos que implica su uso. Desde la ACE reiteramos nuestro compromiso de brindar información científica y confiable para que las decisiones sobre la salud no respondan a tendencias o promesas comerciales, sino a la evidencia y a la orientación de profesionales capacitados”, concluyó la doctora Ruiz.

El llamado de la Asociación se suma a las alertas del Invima y de la OPS frente al aumento en la comercialización y uso de estos productos, con el propósito de contribuir a que los pacientes cuenten con información científica y puedan evitar la exposición a productos de origen incierto y a riesgos que no siempre corresponden con las promesas con las que son comercializados.

22 agosto, 2026

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