Momento para recapitular
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Momento para recapitular


En la más reciente edición de la revista alemana Stern, una noticia llama la atención, 215 médicos piden una reforma fundamental del sistema hospitalario con un llamado particular: “Salvemos la medicina contra el dictado de la economía en nuestros hospitales”.


Por: Juan Carlos Arboleda Z. – Editor Periódico El Pulso

Y resulta por lo menos curioso porque Alemania pertenece al primer mundo, donde las necesidades básicas se encuentran resueltas para la mayoría de la población desde hace muchos años, pero además, porque su desarrollo económico, uno de los más grandes del planeta, hacen suponer que este tipo de manifestaciones no tendrían razón de ser, por eso la noticia genera reflexiones interesantes.

En el caso germano, una amplia gama de organizaciones dentro de las cuales se encuentran asociaciones de profesionales como la Sociedad Alemana de Medicina Interna, han recordado que “la atención médica debe basarse en las necesidades de los pacientes y no en incentivos comerciales”, esto debido a una tendencia donde en las consultas hospitalarias se sobrecarga la atención con exámenes y otras acciones que generan una mayor facturación, es así como el autor del artículo de Stern, Bernhard Albrecht, señala: “El accionismo es recompensado antes de la importante observación y reflexión. El médico aprende a clasificar a los pacientes en el departamento de emergencias no solo de acuerdo con las necesidades médicas, sino también si prometen ganancias”, citando a uno de los firmantes de la propuesta, el médico Giovanni Maio.

El fenómeno llevó al Presidente de la Asociación Médica Alemana, Christiane Groß, a afirmar que: “La creciente orientación hacia los ingresos ha llevado al sistema de atención médica en una dirección equivocada. Las condiciones actuales son perjudiciales para el paciente y también afecta a los médicos cuya consigna debe ser trabajar en beneficio de las personas enfermas”.

Desde hace varias décadas los intereses económicos han venido cooptando el ejercicio de lo que durante años se consideró como una vocación, y no es que no deba existir el derecho al lucro o incluso el deseo natural de obtener réditos en dinero por la práctica de la medicina, esto siempre ha estado presente, el problema es que la salud, o mejor aún, la enfermedad, se industrializó, y pasó a ser manejada como cualquier sector productivo, con lo que el anhelo de alcanzar sociedades más sanas quedó condicionado a la capacidad de pago de los estados o de los individuos, y por ende el estar sano, o recuperar la salud, depende de un factor que va más allá de los desarrollos y avances en las ciencias médicas, ahora la premisa es: ¿quiere curarse? ¿Tiene como pagar? Y las áreas del conocimiento que predominan en las instituciones de salud son la contabilidad y las finanzas.


La presión del complejo médico-industrial es una realidad mundial, que sumado a una globalización mal entendida, no distingue mercados pero si se disfraza de avances en pro de la humanidad.


El más reciente resonador tendrá aún más resolución que los anteriores y brindará mayor claridad en los diagnósticos, pero también costará diez veces más; el próximo tratamiento contra el cáncer muy posiblemente disminuya los efectos adversos y permita algunas semanas más de sobrevida, pero su costo doblará al de la terapia anterior. Entonces, ¿para que los avances? Sencillo, para generar más ganancias.

Ahora bien, el asunto tampoco es negar las posibilidades que ofrece la modernidad, pero como señala Umberto Eco en “De la estupidez a la locura”, como colectivo pensante no podemos continuar avalando el “desarrollo tecnológico per se”, y coloca un ejemplo contundente: en el siglo XX celebramos la llegada del plástico para elaborar todo tipo de recipientes, en el siglo XXI estamos buscando fórmulas para deshacernos de él.

Recuerdo que cuando era niño y me llevaban al médico, el doctor Ricardo Callejas, golpeaba con los dedos de su mano sobre su otra palma, escuchaba atento los sonidos y ecos que producía mi vientre; pinchaba con una lengüeta uno de mis dedos, y mientras yo disfrutaba la golosina entregada a cambio, el miraba a través de un microscopio la muestra que había tomado. La consulta duraba para mí una eternidad, pero salía de allí con resultados que satisfacían a mi familia.

El factor fundamental para esta transformación, hay que señalarlo, no surgió del quehacer médico como tal, ni de sus agremiaciones, o de las aulas que formaron las generaciones más recientes; partió del ansia desmedida por enriquecerse de inversionistas que detectaron las posibilidades que se ofrecían en una necesidad de los humanos, la salud, y que hasta ese momento se había enfrentado desde la solidaridad de especie.

Sin necesidad de retroceder en el tiempo, puede ser el momento para repensar la práctica médica desde una perspectiva deontológica, lo que implica analizar las nuevas realidades sociales y el papel de los profesionales de la salud frente a una misión que aún muchos creemos es digna de encomio.

noviembre 5, 2019

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