¿Qué ha pasado desde la despenalización del aborto en Colombia?
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¿Qué ha pasado desde la despenalización del aborto en Colombia?

A cuatro años de la Sentencia C-055 de 2022 de la Corte Constitucional, el aborto es reconocido como un derecho fundamental en Colombia, pero su acceso sigue siendo desigual según el territorio y las condiciones sociales.

El 21 de febrero de 2022, Colombia dio un paso histórico en la garantía de los derechos reproductivos de las mujeres y personas gestantes al despenalizar el aborto hasta la semana 24 de gestación a través de la Sentencia C-055 de 2022 de la Corte Constitucional.

Desde entonces, la fecha se ha consolidado como un momento clave para reiterar la necesidad de garantizar la autonomía reproductiva y el derecho fundamental a la salud.

Según cifras de Profamilia, principal referente en la prestación de servicios especializados en salud sexual y reproductiva del país, desde la despenalización del aborto en 2022, 213.895 mujeres y personas gestantes han sido atendidas por la organización, evitando que tengan que recurrir a lugares inseguros y exponerse a condiciones de riesgo para interrumpir un embarazo no deseado.

De hecho, solo en 2025, Profamilia registró 59.532 atenciones en todo el país, de las cuales el 94,5 % correspondió a abortos farmacológicos, realizados antes de la semana 12 de gestación.

“Colombia ha avanzado de manera significativa en la garantía del aborto como derecho fundamental, y los resultados son visibles en la vida de miles de mujeres y personas gestantes. El reto ahora es cerrar las brechas que persisten y asegurar que este derecho se ejerza con la misma calidad, oportunidad y dignidad en todos los territorios” aseguró Marta Royo, CEO de Profamilia.

Siete claves para garantizar el aborto seguro en Colombia

  1. Acceso real en todo el territorio nacional
    Las desigualdades territoriales siguen limitando el acceso oportuno y efectivo al aborto. Mujeres vulnerables, rurales, indígenas y racializadas enfrentan mayores obstáculos para ejercer este derecho.
    Superar estas brechas exige fortalecer la red pública de servicios en zonas rurales y dispersas, garantizar rutas claras de atención sin discriminación, e implementar estrategias de telemedicina y acompañamiento
  2. Garantías específicas para mujeres y personas gestantes indígenas y afrodescendientes
    La Corte Constitucional ha reafirmado que esta poblaciones cuentan con los mismos derechos y que el Estado debe garantizar el acceso al aborto sin excepciones, así como facilitar diálogos interculturales para lograrlo.
    Ninguna comunidad puede bloquear el servicio ni imponer trabas a su prestación. (SU-297 de 2025).
  3. Ejercicio adecuado de la objeción de conciencia
    La objeción de conciencia es personal, no institucional. Si algún profesional de la salud no puede o no desea prestar el servicio, la institución de salud debe garantizar que otro profesional lo haga de manera oportuna, libre de violencias y asegurando siempre la información y el acceso al servicio.
  4. Personal de salud capacitado, suficiente y con enfoque de derechos
    La garantía del aborto seguro requiere formación continua al personal de salud, protocolos claros para prevenir la violencia obstétrica y supervisión efectiva que asegure una atención digna, respetuosa y humanizada.
    Al mismo tiempo, la ampliación de los perfiles habilitados para prestar el servicio, como el personal de enfermería, fortalece la equidad, amplía la cobertura y reduce barreras de acceso, especialmente en zonas con menor oferta de servicios.
  5. Contar con datos públicos y sistemas de información robustos
    Un registro nacional sólido y la producción de datos desagregados por territorio, pertenencia étnica, edad y condición socioeconómica permiten conocer cómo se presta el servicio de aborto, identificar brechas territoriales y poblacionales, y orientar políticas públicas basadas en evidencia para una implementación justa y equitativa del derecho.
  6. Educación Integral para la Sexualidad y acceso a información sin barreras
    La Educación Integral para la Sexualidad es fundamental, debe fortalecerse y garantizarse para todas las personas, de manera continua y adaptada a cada ciclo de vida.
    Asimismo, resulta clave asegurar el acceso a información clara y confiable, libre de estigmas, sesgos y censura, incluidos los desafíos que hoy se presentan en algunas plataformas digitales y redes sociales.
  7. Nombrar el aborto en el debate público y electoral
    Este año en particular, hablar de aborto en contextos electorales fortalece la protección de los derechos reproductivos y previene retrocesos.
    Poner el tema en la agenda pública permite exigir a quienes aspiran a cargos de elección una posición clara y el compromiso de defender el aborto como derecho fundamental, así como garantizar políticas públicas, recursos e implementación efectiva.
    En las campañas, el aborto debe nombrarse como lo que es: un derecho, un servicio esencial de salud y una decisión autónoma.

28 febrero, 2026

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