La caquexia cardiaca y otras revelaciones
Opinión

La caquexia cardiaca y otras revelaciones

Por: doctor Jorge E. Lemus Lanziano,  médico especialista en cardiología y cuidado intensivo; coordinador del servicio de cardiología de la Clínica de Alta Complejidad de Aguachica, Cesar- miembro honorífico de la Sociedad Colombiana de Cardiología, editor del libro “Cuidado Crítico Cardiovascular”.


Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 41 (Septiembre-Noviembre 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA


Después de 20 a 40 años como profesor titular de cardiología en el Hospital Militar Central de Bogotá y otro tanto como miembro honorífico de la Sociedad Colombiana de Cardiología, el proceso permanente de cambio y transformación que experimenta la realidad —ese devenir heraclíteo que acompaña la vida misma— me ha regalado una oportunidad invaluable: regresar a la tierra de mis ancestros (Otaré-Ocaña-Aguachica) para ofrecer a mis semejantes coterráneos la experiencia clínica, académica, investigativa y docente acumulada durante tantos años en medicina interna, cardiología y cuidado intensivo.

Después de varios intentos fallidos, finalmente llegó el momento preciso de salir de Bogotá. Como toda gran ciudad, Bogotá impone un estilo de vida que, desde la perspectiva de la salud humana, puede resultar profundamente tóxico. Las grandes urbes se convierten en verdaderas fábricas de enfermedad cardiovascular al favorecer la aparición de múltiples factores de riesgo. Su dinámica cotidiana está marcada por un aceleramiento crónico o patológico —el distrés—, un fenómeno psicoemocional que genera una estimulación persistente del sistema nervioso simpático y una liberación continua de catecolaminas, sustancias que, en exceso, terminan deteriorando la salud.

Dr. Jorge E. Lemus Lanziano

Este estilo de vida urbano favorece condiciones como el sedentarismo, la obesidad, la diabetes mellitus y la hipertensión arterial, ampliamente demostradas en estudios realizados en ciudades similares alrededor del mundo. Es importante diferenciarlo del estrés agudo positivo o eustrés, donde estas mismas sustancias aumentan de manera controlada y necesaria, mejorando la concentración, el rendimiento y la capacidad de respuesta.

A esto se suman factores propios de las grandes ciudades: la movilidad caótica, el elevado costo de vida, los problemas de seguridad y la contaminación ambiental, que han convertido a Bogotá en una de las ciudades con mayores problemas de calidad del aire en América Latina.

En contraste, Aguachica representa otro escenario: una ciudad pequeña, pujante, con una movilidad más amable, sin grandes trancones y con un aire todavía limpio. Su calidez no proviene únicamente de su clima; se percibe también en la hospitalidad y cercanía de su gente. Debo reconocer, además, que el cromosoma X tuvo también su papel atractivo y determinante, acompañado de circunstancias familiares que durante años me impulsaron hacia esta entrañable región.

El escenario ideal para esta nueva etapa lo constituye la Clínica de Alta Complejidad (CAC), una institución privada de tercer nivel, dotada con tecnología avanzada, unidades de cuidado intensivo, profesionales altamente capacitados y el respaldo de las diferentes especialidades médico- quirúrgicas necesarias para una atención integral.

Quienes trabajamos allí, además de nuestra formación profesional, compartimos un profundo sentido de pertenencia y compromiso con la institución, los pacientes, la región y la comunidad a la cual nos debemos. Es importante resaltar que todos los servicios cuentan con una red de médicos generales cuidadosamente seleccionados, quienes realizan la valoración inicial y posteriormente remiten al especialista correspondiente, permitiendo establecer planes diagnósticos y terapéuticos específicos. Esta interacción entre médico general y especialista genera un ambiente de aprendizaje continuo y enriquecedor.

Hoy puedo afirmar que ejerzo una cardiología con un nivel comparable al que desarrollaba en el Hospital Militar Central de Bogotá, porque contamos con servicios de hemodinamia, procedimientos de revascularización percutánea y la posibilidad de cirugía cardíaca en la sede de Valledupar, ubicada aproximadamente a tres horas por carretera de Aguachica.

Uno de los grandes aprendizajes de esta etapa ha sido reencontrarme con una enfermedad que hace parte de nuestra realidad regional: la cardiopatía chagásica. La enfermedad de Chagas es endémica en Colombia y Aguachica no es la excepción. Cada semana llegan pacientes con insuficiencia cardíaca secundaria a esta enfermedad, quienes progresivamente han sido incluidos en un registro institucional que permitirá construir una base epidemiológica más sólida.

Fue precisamente en este contexto donde tuve la oportunidad de valorar a un paciente que marcó profundamente mi experiencia: Un paciente, hombre guajiro de 73 años, residente en el sur de Bolívar, hospitalizado por insuficiencia cardíaca crónica descompensada.

Su ecocardiograma mostraba hallazgos compatibles con una cardiopatía chagásica dilatada, con severo compromiso de la función sistodiastólica biventricular y una fracción de eyección ventricular izquierda cercana al 30 o 40 %. Sin embargo, el hallazgo más impactante no estaba únicamente en su corazón, sino en su estado nutricional: ausencia casi completa de panículo adiposo y una marcada sarcopenia expresada en hipotrofia muscular generalizada.

Ante mis ojos se revelaba algo que, desde mi formación cardiológica, sabía que existía, pero que nunca había observado de manera tan evidente: la caquexia cardíaca.

La caquexia cardíaca es una complicación grave de la insuficiencia cardíaca avanzada. Constituye un síndrome metabólico complejo originado por múltiples mecanismos relacionados con la enfermedad cardíaca, entre ellos la activación inflamatoria crónica con liberación de citoquinas que disminuyen el apetito y alteran profundamente el metabolismo.

Implica pérdida progresiva de tejido adiposo, músculo y masa ósea, incluso cuando existe una adecuada ingesta calórica. A diferencia de la desnutrición convencional, no se corrige simplemente aumentando la alimentación, porque el problema fundamental está en la alteración del metabolismo y en la incapacidad del organismo para utilizar apropiadamente los nutrientes. En este caso, la disminución del gasto cardíaco y la hipoperfusión tisular generan un estado de hipoxia que contribuye al deterioro metabólico.

Este caso reafirmó la importancia de construir registros organizados sobre la cardiopatía chagásica en nuestra región, que permitan desarrollar estrategias de prevención, diagnóstico temprano y manejo integral de un problema de salud pública que requiere una mirada epidemiológica seria.

La Clínica de Alta Complejidad, al igual que el aeropuerto Hacaritama, es expresión de esa pujanza regional que demuestra cómo los territorios pueden construir sus propias soluciones. Mientras el país avanza en la discusión del ordenamiento territorial y la distribución de la inversión pública con visión regional, estas iniciativas muestran que desde las regiones también pueden surgir modelos exitosos.

La clínica atiende pacientes provenientes del Banco, Magdalena; Barrancabermeja, Santander; y municipios del Norte de Santander como El Carmen, ofreciendo atención especializada a comunidades que históricamente han tenido dificultades para acceder a servicios de alta complejidad.

Se plantea así, desde la experiencia del territorio y la evidencia cotidiana, un modelo mixto de salud: una institución privada de tercer nivel con contratación con múltiples EPS, que permite que pacientes humildes, muchos provenientes de la periferia del país, puedan acceder a procedimientos complejos como cateterismos cardíacos, resonancias magnéticas, cirugía ortopédica y múltiples servicios especializados. Es un modelo que podría replicarse en otras regiones del país.

Pero este regreso a la tierra de mis ancestros también ha tenido una dimensión emocional y familiar. Ha sido gratificante volver a encontrar aquellas familias campesinas amigas provenientes de las veredas cercanas entre Aguachica y Otaré: El Palmar, La Yeguera, Lucaical, Santa Bárbara y San José, comunidades atendidas durante casi 50 años por mi abuelo Emigdio Lanziano, con quien tuve la oportunidad de acompañar ocasionalmente durante mis vacaciones mientras estudiaba medicina en la Universidad Nacional de Bogotá y durante mis primeros pasos como médico, incluyendo mi año rural en El Carmen (Norte de Santander, 1980-1981).

Resulta curioso y profundamente simbólico que en Aguachica haya terminado de conocer realmente a Otaré. Aquí descubrí que dos músicos oriundos de ese amado terruño, los hermanos Duarte —Juan, intérprete del bombardino, y Adolfo, compositor del himno de Aguachica— atravesaron hace más de cuatro décadas la cordillera que une la provincia de Ocaña con el valle del Magdalena, posiblemente caminando o a lomo de mula, pasando por El Tapón, El Palmar, Boquerón y Platanal, bordeando la quebrada Buturama, esa “Silvestre Plañidera” que he homenajeado en mi poema-canción.

Ese mismo camino ancestral también lo recorrieron otras historias.
Un día, mientras realizaba las labores habituales del servicio, fui llamado para valorar a un paciente especial: Luis Alfredo Vargas Sepúlveda, guitarrista, oriundo de Otaré, hijo de Alfredo Sepúlveda, reconocido trompetista, quien al igual que los hermanos Duarte había cruzado aquella misma cordillera.

Alfredo había llegado a Aguachica, donde formó familia con Ángela Vargas, perteneciente a una de aquellas familias tolimenses que migraron atraídas por la prosperidad de la producción de algodón y arroz, cuando estas actividades aún representaban un motor económico fundamental para la región.

Muchos habitantes de Aguachica todavía recuerdan con nostalgia aquella época y atribuyen parte del declive de esa agroindustria a decisiones tomadas durante los procesos económicos del país en décadas pasadas.

Así, entre medicina, memoria, territorio y raíces familiares, esta nueva etapa me ha permitido descubrir que regresar a la tierra de los ancestros no solamente significa volver a un lugar: significa reencontrarse con historias, enfermedades, pacientes, caminos y con la esencia misma de una comunidad.◾

29 septiembre, 2026

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