El software sapiens
Editorial

El software sapiens

Emociones y sentimientos: el gobierno del mundo

Ensayo por: Stevenson Marulanda Plata, Presidente del Colegio Médico Colombiano


A lo largo de millones de años, la mente humana fue aprendiendo a mirar, escuchar, oler, gustar, tocar, sentir, recordar y conocer el mundo que la rodea.

Aprendió a recordar y a aprender de sus propios recuerdos.

Aprendió a imaginar, crear, simbolizar y realizar cálculos abstractos.

Aprendió a hablar; a mover las manos, los dedos y las piernas, con la intención deliberada de andar vociferando por el mundo como pez en el agua.

Aprendió a utilizar la sexualidad para recombinar sus genes y perpetuarse como especie. No para escribir novelas de tetas y paraísos.

Aprendió instintos, emociones y sentimientos, para comunicarse y relacionarse con los demás; defenderse y sobrevivir.

Y finalmente, la mente sapiens —ese robusto software de supervivencia y reproducción animal— aprendió a tener autoconciencia: esa extraña y prodigiosa capacidad emergente de la biología de reconocerse a sí misma en medio del universo y preguntarse por el sentido de su propia existencia.

La noche memorable

Aquella noche memorable, sin el permiso de mi voluntad, un instante intenso entró en estampida en mi mente.

¿Acaso asombro, sorpresa, estupefacción?

Fue la embestida feroz de un pantallazo del espectáculo del mundo proveniente de un entarimado musical que, a través de mis ojos y mis oídos, irrumpió en tropel en mi yo, alterando de manera abrupta mi estado mental.

La avalancha emocional atravesó mi alma cuando Rafael Manjarrez Mendoza pronunció aquellas palabras dirigidas a mí y a mi familia, exactamente a la hora prometida: las once de la noche.

Esa tropelía anímica que atropelló mi mente al ver y escuchar a Rafa —acompañado de músicos profesionales impecablemente uniformados para la ocasión y provisto de todos los instrumentos del oficio— es lo que técnicamente llamamos emoción.

Ocurrió en la bella estancia del Club Privado Palmeras de Valledupar, la noche del 30 de abril de 2026, durante la gala de clausura del Primer Foro Quirúrgico Internacional del Caribe, organizado por el Colegio Médico Colombiano y la Fundación Foro Quirúrgico Internacional del Caribe.

Explicar la magnitud de aquella experiencia cognitiva es adentrarse en los estados mentales más antiguos del cerebro humano: las emociones y los sentimientos.

Una emoción: un clic del software sapiens

La alegría, la fascinación, el placer y el encanto que sentí aquella noche memorable fueron relámpagos mentales: momentos breves e intensos de mi estado de ánimo que impulsaron mi software sapiens hacia la risa, la celebración, el vínculo y la confianza.

Cada emoción es una antigua estrategia adaptativa esculpida durante millones de años en las neuronas del cerebro sapiens para orientar la conducta y aumentar las probabilidades de supervivencia y reproducción de nuestra especie.

De este modo:

El susto, el pánico y el terror apartan del peligro.
El asco aleja de la intoxicación y la contaminación.
La sorpresa y la estupefacción mantienen alerta a la conciencia frente a lo inesperado.
La tristeza llama al recogimiento y a la reflexión.
La vergüenza llama a la moralidad para regular la convivencia.
La rabia y la ira marcan límites, defienden territorios y enfrentan amenazas.

“El amor es un cultivo”.
Rosendo Romero, el “Poeta de Villanueva”

Los sentimientos son la brasa que arde después de que el huracán emocional pasó.

A diferencia de las emociones, los sentimientos no son instantáneos. No son relámpagos ni tropeles súbitos provocados por pantallazos perceptivos del mundo.

Los sentimientos son los sedimentos de recuerdos que el turbulento río de emociones de la vida va dejando como fango en cada recodo de la memoria, creando conexiones afectivas relativamente estables —positivas o negativas— con otras personas, animales, cosas o incluso con uno mismo.

El amor y el odio —dos viejos dictadores del mundo— no son simples captures emocionales instantáneos: son depósitos de tiempo y memoria.

El olvido —emperador silencioso del perdón y el antídoto más letal contra los sentimientos— no tiene clic. Por eso ciertas heridas afectivas —como la tusa o el guayabo, el resentimiento, el rencor o la venganza— solo sanan cuando el tiempo y la memoria comienzan lentamente a lavar sus fangos y sedimentos.

Círculo moral del software sapiens

El círculo moral es una guardarraya afectiva: un muro estrecho y profundamente egoísta, construido por emociones y sentimientos, que el software sapiens —como sistema operativo del yo— levanta para distinguir entre quienes considera “prójimos” y aquellos que percibe como “no prójimos”.

Dentro de ese perímetro florecen el amor, la ternura, el cariño, la gratitud, el respeto, la empatía, la confianza, la tolerancia, la generosidad, la fidelidad, la cooperación, la compasión, la solidaridad y el altruismo.

Fuera de sus límites suelen crecer el odio, el rechazo, la antipatía, la desconfianza, el desprecio, el rencor y el resentimiento. Y es precisamente en ese caldo afectivo donde pueden incubarse y aprenderse culturalmente la violencia, el armamentismo, la guerra, la explotación, la esclavitud, la xenofobia, el racismo, el supremacismo y la deshumanización.

Círculo moral del software wari

La mente wari —una comunidad indígena de la Amazonia— diferenciaba de manera implacable lo comestible de lo no comestible. Los alimentos eran clasificados como “no wari”, y dentro de esa misma categoría incluían también a las personas “no wari”, quienes, al ser consideradas comida, perdían su condición humana y terminaban convertidas en alimento.

El círculo moral más intenso y estrecho es quizá el materno: un bastión afectivo levantado por la naturaleza alrededor de la cría para garantizar su protección, cuidado y supervivencia.

El software sapiens: entre la paz y la guerra

“La sangre y el suelo son sagrados”.
A. Hitler

El software sapiens no evolucionó para proteger por igual a toda la humanidad, sino para cuidar de manera prioritaria y selectiva el estrecho círculo moral de la familia, la sangre, el clan, la tribu y la nación; es decir, del prójimo más cercano.

El ser humano puede mostrarse profundamente solidario y amoroso con los suyos y, al mismo tiempo, indiferente, hostil o cruel con quienes percibe fuera de ese perímetro afectivo.

La mente sapiens no fue diseñada únicamente para la paz perpetua, sino también para sobrevivir en medio de acechanzas, guerras, opresión, explotación y competencia por la existencia.

La civilización constituye el milenario esfuerzo moral, cultural y educativo de la humanidad por domesticar ese viejo software biológico, ampliando cada vez más el círculo moral del sapiens, más allá de la familia, el clan, la tribu y los nacionalismos extremos del siglo XX, donde la sangre y el suelo llegaron a convertirse en categorías sagradas.

Palabras de gratitud

Entre Rafael Manjarrez Mendoza y la familia Marulanda hemos venido construyendo, desde hace muchos años, un amplio círculo moral tejido por los sentimientos más nobles del software sapiens: la amistad, el cariño, la gratitud, la confianza, la empatía, la cooperación, la solidaridad y la mutua admiración.

Aquella presentación artística —gratuita— del 30 de abril de 2026 no fue un simple gesto de cortesía musical, sino una expresión profundamente humana de fraternidad; una de esas raras manifestaciones afectivas que deberían existir entre todos los pueblos del mundo.

Pariente, la corriente crecida de emociones que inundó mi alma aquella noche todavía sigue tallando las piedras más difíciles del camino de mi vida, como el sol de su infancia cinceló su destino en La Jagua, y la Vela de Marquesote labró lentamente las lajas de la herida milenaria del Cerro Pintao.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 40 (Junio-Agosto 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA

4 junio, 2026

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