Por una reforma a la salud del tamaño de nuestros sueños
Actualidad, Opinión

Por una reforma a la salud del tamaño de nuestros sueños


Un alto porcentaje de Colombianos responsabiliza al personal de salud por el traumático evento de acudir a los servicios médicos en el país.


Por Julián Daniel García Gutiérrez


Tras más de un año de pandemia se hace evidente la necesidad de una reforma al sistema de salud que busque garantizar este derecho al pueblo colombiano; sin embargo, el Gobierno Nacional parece insistir en un sinnúmero de espacios cuyo fin no es otro que profundizar la brecha social en el sector salud causada por un sistema basado en la intermediación, en el que empresas privadas administran gran parte de aquellos dineros públicos destinados y priorizados por la Constitución Política a partir de su articulado contenido en el Capítulo 4 de su Título XII, ofreciendo al usuario un servicio deshumanizado en el que el paciente es un cliente más y su interés e integridad rara vez se superponen al de aquellos propios al sistema neoliberal.

Es por lo anterior que un alto porcentaje de Colombianos responsabiliza al personal de salud por el traumático evento de acudir a los servicios médicos en el país. Se hace necesario realizar ciertas claridades que sin duda sirvan para que el conjunto de pacientes y personal de salud, sepan dirigir sus quejas y protestas al silencioso enemigo de la intermediación.

En primer lugar, cabe hacer mención a la llamada “relación médico-paciente” que, agónica en estos tiempos, ha sido la principal víctima de la indiferencia tanto por parte del Estado, como del sector privado, esto dado por la intermediación, que mediante las auditorías médicas desplaza a un tenebroso segundo lugar los conocimientos científicos, priorizando deshonrosamente los intereses mercantiles y bursátiles de quienes se dedican a especular y lucrarse con la vida.

Aspectos como el abaratamiento de costos desencadena el uso de implementos de menor calidad, profesionales explotados y mal pagos, así como menores tiempos de atención y escasa o nula interacción con el ahora cosificado paciente.

Sin lugar a duda, es el sector salud el primer interesado en una reforma al sistema; no obstante, para que esta reforma pueda ser útil, se requiere fortalecer la red pública hospitalaria mediante la dotación de equipos de alta tecnología que faciliten la resolución de las patologías de los usuarios, además de una reforma educativa que permita la ampliación en lo que respecta a la formación de especialistas.

Por lo anterior, para llevar a cabo una reforma que responda integralmente a las necesidades del pueblo colombiano, debería incluir aspectos tales como la contratación directa al personal de salud, donde se re-humanice la vinculación laboral; además, permitir a los millones de colombianos que residen en áreas rurales el acceso oportuno y eficaz a consultas con especialistas, hoy día tan necesarios en los hospitales regionales. Todo esto puede llevar a una descongestión de los hospitales departamentales a partir del fortalecimiento de la red pública hospitalaria, mejores garantías de contratación al personal de salud y freno al negocio del acaparamiento de recursos que hoy ostentan las EPS.

Por lo expuesto, se hace claro cuáles serán aquellas discusiones que tendrán que darse, siendo prioridad aquellas referidas al tema de la salud pública, pues, por ejemplo, resulta difícil de entender cómo un país con las mayores reservas de agua en todo el planeta, continúe con un vergonzoso nivel de potabilidad de agua que representa un riesgo alto y muy alto de un 9,6 por ciento (Boletín de Vigilancia del agua para el consumo humano, Diciembre 2020), esto sucede mientras la maquinaria estatal favorece el modelo extractivista sin medir el impacto ambiental que generan las actividades de aquellas multinacionales cuyo único interés es la explotación del ecosistema, como aquellas que pretenden afectar el páramo de Santurbán en el departamento de Santander, el cual abastece de agua potable a más de dos millones de Colombianos, o como el caso de El Cerrejón, donde se ha desviado el curso de fuentes hídricas, para favorecer su depredadora industria contaminante, lo que hace bastante complicado hablar en estos momentos de poblaciones saludables.

No se debe separar aquellas reivindicaciones por un ambiente sano, por un libre desarrollo de la sexualidad, el acceso a una alimentación e hidratación adecuadas, o el mantenimiento de la paz, de aquellas luchas que, como gremio debemos abanderar, pues en una situación tan convulsa como la actual, es menester para las juventudes médicas–como esta organización–ser los abanderados de las grandes transformaciones que requiere Colombia en el campo sanitario, científico y humano.

Es el momento para que las nuevas reformas de salud sean discutidas en las facultades de todo el país, pues no es consecuente que al elegir la salud como proyecto de vida motivados por la mera vocación y el interés de servir, debamos vivir sometidos a leyes que otros discuten, que otros aprueban y en las que la palabra rezagada la mantenga siempre el gremio de la salud.

Así, finalmente, son las implicaciones humanas, filosóficas, y científicas de llevar nuestra profesión más allá de los consultorios, las que nos obligan a procurar dejar para las futuras generaciones, no sólo un sistema de salud más humano, sino uno basado más en la prevención que en el mortal asistencialismo, donde el acceso al agua potable y a la alimentación integral sea un derecho fundamental, en el que la sexualidad sea responsable y alejada de moralismos y costumbres del pasado.

Por ello, creo que nuestro papel en la historia es decisivo, y tenemos como deber ético ser la generación que reconstruya la relación médico paciente, pero, sobre todo, ser la generación de trabajadores de la salud, que no permita más la muerte de pacientes por enfermedades curables, o en “paseos de la muerte”, ni tampoco niños muertos por desnutrición enterrados en tierras fértiles.

septiembre 22, 2021

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