Sexualidad depresiva, afectación del S. XXI
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Sexualidad depresiva, afectación del S. XXI


No debe enmascararse ni esconderse la “angustia” de la sexualidad depresiva. Debe estudiarse, entenderse y tratarse, para mejorar así la calidad de vida del paciente afectado.


Por Dr. Carlos Pol Bravo – Psiquiatra – Master en Sexología

Hace más de un siglo León Tolstoi decía que el ser humano estaba preparado para sobrevivir a las guerras, las epidemias, los horrores de la enfermedad y las torturas del Espíritu, pero que la tragedia más atormentadora de todos los tiempos, han sido y son las tragedias de alcoba. Las disfunciones sexuales han sido llevadas también hasta la fecha como “aquellas enfermedades secretas, que se padecían en secreto”. 

¿Existe la disminución de la libido en la depresión tan solo como un síntoma de la misma? ¿O existe también la disminución de la actividad sexual que al paso del tiempo se cimienta e impide una comunicación cuando menos llevadera en las relaciones sexuales y sociales del paciente, tal vez por la falta de información terapéutica adecuada respecto a su problema sexual, o de una psicoeducación oportuna en referencia al caso?

¿O bien, por otra parte, nos encontramos ante una disfunción sexual (D.S.) propiamente dicha y puntualmente angustiosa para el varón, como es la disfunción eréctil, cuya instauración, como explicaremos más adelante, le lleva a expresar una sintomatología depresiva, con anhedonia, apatía, abulia, introversión, baja autoestima, celotipias o temores de impotencia en sus relaciones sexuales?

Igualmente es válido plantear el mismo caso de una mujer con disminución de la libido, falta de lubricación durante la fase de excitación, llevándola a una disminución del deseo sexual pudiendo presentar anhedonia, introversión, pérdida de autoestima, alterando, en suma, la calidad de sus relaciones sexuales, transformando el placer en obligación o sacrificio al tenerlas.


La carencia de información que nos proporcione el paciente o, en su defecto, la deficiente contrainformación terapéutica más adecuada respecto a su problema sexual, dificulta muchas veces un diagnóstico acertado.


Por el mismo eje causa-efecto, nosotros decimos: ¿A un varón con disfunción eréctil su ansiedad anticipatoria de fracaso no puede llevarle a dificultades en la fase de deseo y todo junto a conductas evitacionistas en las relaciones sexuales, precipitándolo también a una sintomatología depresiva, por sentimientos de incapacidad o culpa?

Evidentemente no intentamos desconocer la realidad sintomática de la depresión sobre la sexualidad en pacientes diagnosticados como tales, pero sí matizar el por qué, en ciertas ocasiones, la conducta sexual en sujetos no diagnosticados como depresivos, y por factores determinados, o bien, desconocidos, se transforma en lo que podríamos llamar Sexualidad depresiva.

No debe enmascararse ni esconderse la “angustia” de la sexualidad depresiva. Debe estudiarse, entenderse y tratarse, para mejorar así la calidad de vida del paciente afectado.

La gran problemática clínica en estos casos consiste en investigar cuidadosamente el posible trastorno depresivo, o la alteración en la conducta sexual, que puede ser ocasionado por una disfunción —mantenida y no diagnosticada anteriormente—, profundizando en la esfera sexual del paciente, introduciendo así una historia psicosexual bien estructurada dentro la propia historia clínica, ahondando en la esfera sexual del paciente y su pareja, si la tiene, para establecer un diagnóstico diferencial correcto.

Al ser reconocido un problema sexual en un paciente tratado por un trastorno afectivo, encontramos el típico dilema sobre el diagnóstico:

  • ¿Este problema es inherente al trastorno afectivo?
  •  ¿Es secundario a la farmacoterapia utilizada?

 O pueden ser variados ítems sintomáticos de:

  • Problemas biológicos
  • Conflictos intrapsíquicos
  • Dificultades interpersonales
  • Falta de asertividad psicosociosexual
  • Una combinación de todos estos factores

Estamos ante una depresión cuya sintomatología es concomitante a una disfunción sexual en cuanto a la conducta sexual del paciente se refiere, o ante ésta propiamente dicha en cualquiera de sus fases: Deseo sexual inhibido, dificultades de lubricación vaginal, falta de erección, eyaculación precoz, anorgasmia o eyaculación retardada. 

Todas las anteriores pueden llevar a una relación sexual conflictiva, sin gratificación y cuya reiterada frustración o fracaso, al ser referidas por el paciente sobre su estado de ánimo —quejas somáticas, sentimientos de culpa e inseguridad, junto con apatía, anhedonia, abulia y falta de interés por el sexo— sugerirían ciertas sospechas de sintomatología depresiva.

Estas situaciones son valoradas, pero poco profundizadas en un alto porcentaje de historias clínicas en cuanto al aspecto de la esfera sexual se refiere.

Toda la exposición anterior va dirigida a intentar separar de forma clara el concepto de la depresión y la consecuente disminución de la libido, al presentado por nosotros: Sexualidad depresiva.

Sexualidad depresiva

Definición: Es una sintomatología similar en cuanto a referencias y quejas del paciente, pero de diferente etiología clínica.

Implica preocupación, ansiedad o “decaimiento” del paciente frente su real problema: una disfunción sexual declarada y no valorada en la profundidad necesaria, para un tratamiento directo, lo que afecta tanto al paciente como a su pareja.

En ciertas ocasiones el cuadro se recrudece por la falta de apoyo que la pareja quiera o pueda brindarle al afectado, según sus conocimientos o creencias sobre el sexo. En otros casos, la dificultad de comunicación y asertividad social impiden establecer buenas relaciones sociales del afectado, creando un feed-back en su problemática psicosociosexual.

Por otra parte, aunque hablemos siempre de “la pareja”, no es necesario que un paciente con estas características la tenga. Suelen ocurrir estas situaciones indistintamente en personas con o sin pareja y presentar evidentemente las mismas quejas y/o sintomatología.


Los factores desencadenantes o de mantenimiento pueden ser el único punto de partida para abordar más exactamente el problema que presenta el paciente.


Es necesario indudablemente dar mayor importancia al aspecto sexual para que el psiquiatra pueda abordar en profundidad el caso, y efectuar una valoración más profunda a través de una historia psicosexual bien estructurada sobre los conocimientos de sexualidad en general del paciente y, si padece una disfunción sexual, de ésta en particular. En tal caso, es necesario concientizarlo de su problemática sexual debido a la disfunción sexual y efectuar el plan de trabajo adecuado, pautando el debido tratamiento farmacológico, si procede, junto a la debida terapia sexual de apoyo, lo que puede cambiar el horizonte psicosocial del paciente. Así se facilita el diagnóstico diferencial, bien en el campo sexológico, o en el psiquiátrico, con el correspondiente tratamiento antidepresivo, guardando siempre por norma que, de ser un cuadro de etiología depresiva, ha de tratarse primero la depresión y después el problema sexual.

A modo de conclusiones

Basándonos en ese doble concepto, nos animamos a incidir una vez más en cómo la depresión y la propia ansiedad vinculada a la sexualidad, o una forma de conducta sexual deficitaria en conocimientos, educación e imaginación, puede llevar a una sexualidad mermada y con serias tendencias a una disminución del interés o del deseo sexual como llave de entrada a otras disfunciones debido a la propia apatía que conllevan tales actitudes y las repercusiones psicosociales producidas en la pareja. Así pues, llegan a confundirse en ese marco claroscuro de una depresión solapada, con todas sus consecuencias.

Por eso creemos positivo basar el éxito diagnóstico en un abordaje incisivo y profundo sobre la esfera sexual de esos pacientes y sus parejas a través de una historia psicosexual bien estructurada valorando ítems como la transculturalidad, los hábitos, etc.

Es necesario tener presente la dimensión básica de la clasificación descrita por Masters & Johnson sobre el inicio del problema y las circunstancias en que ocurre, siendo primarias o secundarias para el inicio y situacionales o totales para las circunstancias.

Esquema del concepto de sexualidad depresiva

Posteriormente Kaplan desarrolla este concepto al plasmar su modelo trifásico Deseo-Excitación-Orgasmo y cómo el deseo tiende a bloquearse ante situaciones específicas o con un compañero en concreto. Nos basamos pues en el concepto trifásico de Helen Singler Kapalan de 1974, el cual está perfectamente actualizado y activo.

Y a su vez, puesto que la Sexualidad depresiva no es etiología depresiva propiamente dicha, ante un diagnóstico depresivo claro, debe pautarse el tratamiento específico para la misma, con la farmacoterapia procedente, apoyada por psicoterapia indicada en su caso, creando una confianza en el paciente de cualquiera de los dos sexos, quien debe sentirse respaldado en su problemática depresiva o sexual por el equipo que lo lleva.

De esta forma cerramos el ciclo de la respuesta sexual con el apoyo terapéutico en sus múltiples fases, sin olvidar nunca la importancia que tienen todas en su complejo equilibrio:

Deseo-Excitación-Orgasmo, donde el modelo biopsicosociosexal (modelo holístico), reestructura el desarrollo de una actividad sexual gratificante o, cuando menos, practicable en el individuo afectado y consecuentemente en su relación de pareja.

mayo 21, 2020

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