¿Ciencia o arte?
Actualidad, Opinión

¿Ciencia o arte?


Como director de la Fundación Colombia Libre de Asbesto y como artista interesado en las prácticas sociales del arte, he tenido la oportunidad de conocer el impacto negativo en términos de salud pública, ocupacional y ambiental que causa el asbesto crisotilo en los seres humanos.


Por Guillermo Villamizar – Director de FundClas

Uno de los trabajos más interesantes que he podido adelantar es conocer en el plano internacional, a los expertos en las problemáticas relacionadas con el asbesto desde la dimensión científica y médica.

Probablemente la fortaleza más importante de la organización que presido, la constituyen sus relaciones internacionales con miembros de la comunidad científica que han dado la batalla y continúan dándola, por un mundo libre de asbesto, lo que nos ha permitido conocer de primera mano un vasto arsenal de información científica privilegiada.

Sin embargo, la literatura al respecto es enorme y su evaluación es difícil, en especial para los profanos.

Inevitablemente el debate ha pasado de la ciencia a los ámbitos políticos y médico-legales, lo que ha significado aún más documentación, aumentando los problemas para su evaluación –dicen los historiadores Geoffrey Tweedale y Jock McCulloch, autores del libro Defendiendo lo indefendible.

Han sido varios años clasificando y traduciendo esta información que me permite, hoy en día, tener bastante claridad sobre el tema y, en algunos casos, utilizar con propiedad el lenguaje científico para explicar con mayor claridad a las audiencias de todo orden en las que participamos, el impacto de las enfermedades relacionadas con el asbesto crisotilo sobre la salud humana.

Buena parte de este trabajo logramos condensarlo en el libro ASBESTO EN COLOMBIA. Fundamentos para el debate, escrito en compañía del Dr. Gabriel Camero Ramos y que hace un aporte significativo al debate sobre el asbesto, al brindar un enorme caudal bibliográfico que le ofrece al lector bases sólidas para comprender la naturaleza del debate, a partir de un documento respaldado por el comité científico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, sometido a la revisión de pares internacionales y publicado bajo las rigurosas normas que exige el sello editorial de la Universidad Nacional de Colombia.

En el año 2016 el Doctor Mauricio Mejía Mejía publicó un artículo de investigación titulado Prevalencia de patologías relacionadas con el asbesto crisotilo en trabajadores de una empresa de productos de crisotilo-cemento en el volumen 28 N° 2 de la Revista Colombiana de Neumología, órgano de difusión de la Asociación Colombiana de Neumología y Cirugía de Tórax en Colombia.

La lectura de este documento nos motivó al Dr. Arthur Frank (Drexel University, USA), referente internacional en el tema de asbesto, al Dr. José Ricardo Navarro Vargas, decano de la Facultad de Medicina de UNal, y al suscrito, a enviar una carta a los editores de la revista donde expusimos un tema puntual de las Guías OIT para interpretar los rayos X para neumoconiosis, entre otros asuntos.

En el documento del Dr. Mejía se asevera que las categorías de 1/0 o menores son negativas y 1/1 o superiores son sospechosas. Muy claramente la Guía OIT define el umbral entre positivo y negativo a partir de 1, sin ambigüedades, y por lo tanto la calidad de sospechoso contraviene las directrices de las guías mismas y no se puede tomar como un concepto adecuado.

El cruce de cartas y la respuesta a los editores por parte del Dr. Mejía se pueden consultar en el volumen 30 No. 2 de 2018, pero no quiero desperdiciar este espacio dándole cabida a los dimes y diretes de este cruce epistolar, y prefiero aprovecharlo para exponer algunas consideraciones que tienen que ver con el lugar que ocupan la ciencia y la investigación científica en medio de las necesidades de un país como Colombia, para entender la magnitud de sus problemas y las herramientas que debemos utilizar para ofrecer soluciones.

Una de esas herramientas es la verdad científica, que en tiempos de post-verdad parece una moneda devaluada.

Parafraseando al poeta Borges, me pregunto ¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa conjunción de los astros, en qué secreto día que el mármol no ha salvado, surgió la tenebrosa y singular idea de inventar la mentira como verdad?

Aunque hoy en día hablamos del cambio climático, los alimentos genéticamente modificados, el consumo de medicamentos con graves efectos colaterales, el fracking, el glifosato y otros riesgos, el asunto no trata de la falta de comunicación de la comunidad científica sobre el daño evidente, sino de la demostrada habilidad que tienen los actores con intereses oscuros en pervertir ante los medios de comunicación y la literatura científica, lo que la evidencia científica ofrece.

La historia es larga y se remonta a la industria del cigarrillo, la cual durante años negó sistemáticamente el vínculo del tabaquismo con el cáncer de pulmón, seguida por la industria del asbesto, que replicó con éxito la campaña negacionista de los tabacaleros.

La lista de las sustancias que causan cáncer aumenta en cada reporte; sin embargo, cada vez que una nueva sustancia es enlistada un ejército de oponentes, en el que no se sabe muy bien quienes son científicos y quienes abogados, aparecen controvirtiendo los argumentos con el supuesto argumento de que no existe suficiente evidencia para tal enlistamiento, sin importar el arsenal de datos que confirman el vínculo del agente con el cáncer.

El ejercicio masivo de investigación y relaciones públicas diseñado para generar incertidumbre sobre la verdad científica, logra el objetivo de sembrar la duda en aquellos terrenos donde el médico y el investigador ofrecen certeza.

Colombia no ha sido ajena a estos ejercicios de manipulación de la literatura científica, y por el simple hecho de que los documentos aparezcan indexados en la literatura internacional, ello no es garantía de legitimidad y ética científicas, según he podido observar la manera en que se citan los documentos producidos por la industria del asbesto de una manera acrítica, especialmente para los casos de recién llegados a estudiar este tipo de problemas.

Algunos médicos e investigadores cercanos a la industria -o financiados por ella- tienden a ser muy laxos en sus resultados, favoreciendo la presunción de inocuidad de la sustancia estudiada, y ello ha motivado intensos debates en los EE.UU., por ejemplo: El profesor John Ionnidis, experto en meta-investigación adscrito a la Universidad de Stanford, ha disparado las alarmas al señalar que buena parte de la investigación publicada tiene problemas de sesgo.

Su artículo “Why Most Published Research Findings Are False” (Por qué la mayoría de hallazgos publicados en investigación son falsos) es el artículo más descargado de Public Library of Science (PLOS), y se ha convertido en uno de los documentos con el mayor número de lectores de acuerdo con Mendeley en toda la historia de la ciencia.

Como ciudadanos ¿Cómo podemos aprender a movernos en mitad de las noticias falsas, la mala información, la desinformación y el sesgo ideológico? La politización de la ciencia es uno de los mayores retos que enfrenta la investigación científica independiente; y las narrativas falsas, respaldadas por poderosos grupos de presión, ejercen un enorme espectro de influencia en la opinión pública de los ciudadanos, por ejemplo cuando hablamos del cambio climático, lo que nos lleva a pensar en la importancia de respaldar el papel del Estado como árbitro neutral y como proveedor de fondos públicos para apoyar la investigación en ciencia y salud. Sin embargo, el rol cada vez más grande de los privados en los asuntos del Estado, supone un riesgo para estas buenas intenciones.


Recurrir a la mentira para calmar miedos o evadir responsabilidades es siempre un camino fácil de tomar, pero costoso en el largo plazo porque se convierte en una venda que no deja ver lo que en realidad ocurre, aplazando que la verdad aparezca por más incómoda que pueda llegar a ser.


El actual modelo de desarrollo ha traído grandes beneficios a la humanidad, pero viene con anuncios que hablan de la auto sostenibilidad ambiental del modelo y su probable colapso general. Se necesita urgentemente un balance entre la salud social y ambiental y la salud de la economía.

diciembre 7, 2019

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comité Editorial

Director
Dr. Stevenson Marulanda Plata

Editora
Maricielo Acero Rodríguez

Asesores Médicos
Dr. Jorge Diego Acosta Correa
Dra. Ivonne Díaz Yamal
Dr. Oswaldo Alfonso Borraez
Dr. Samuel Barbosa

Contacto comercial
Mary Stella Ardila Guzmán

NOSOTROS

Epicrisis es el órgano oficial de comunicación del Colegio Médico Colombiano. La opinión y conceptos personales expresados en los artículos firmados por un tercero no reflejan la posición de Epicrisis o el Colegio Médico Colombiano.

PBX: (+571) 746 3489 – Celular:(+57) 314 566 2174 – (+57) 323 232 4543 – (+57) 323 232 7752 – (+57) 314 566 2198Email : pqrs@colegiomedicocolombiano.org
Dirección: Carrera 7 # 69 – 17 – Bogotá, Colombia