Las mujeres y la medicina: una lucha por permanecer y crecer
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Las mujeres y la medicina: una lucha por permanecer y crecer


Han pasado muchos años desde que la filósofa y activista feminista Simone de Beavoir, escribió su libro “El segundo sexo” en el año 1949, el cual nace a partir de su deseo de entender y expresar qué significa ser mujer para ella.


Por Daniela Carolina García Santana – Médica general de la PUJ – Residente de Psiquiatría de la Universidad de los Andes, vocal de la ANIR.

En dicho libro trata de retratar ese concepto desde la biología, historia, el psicoanálisis y demás, llegando a realizar una crítica sobre la construcción del rol de la mujer en la sociedad, y como este ha cambiado a lo largo del tiempo, pasando desde labores estrictamente del hogar, como el cuidado del matrimonio y la maternidad, hasta las limitadas oportunidades para el acceso a la educación y el equilibrio entre la vida familiar y laboral.

Describiendo los largos caminos que han recorrido múltiples mujeres para reconstruir su rol en la sociedad, en busca de la lucha por la igualdad, la independencia y libertad. Si bien, aún nos queda un largo camino por andar, es importante recordar todo aquello que no ha traído a este momento de la historia y resaltar nuestro imprescindible papel en la sociedad, siendo voceras, médicas y demás.

Ahora, haciendo referencia al viaje histórico de la mujer en la medicina, debemos mencionar a Elizabeth Blackwell, quien fue la primera mujer en graduarse de una facultad de medicina en los Estados Unidos en el año 1849, quien además de lograr un hito histórico, impulsó a otras mujeres a estudiar medicina y a las facultades para promover su ingreso.

En Colombia, fue Ana Galvis Hotz, quien en 1877 se graduó de medicina de la Universidad de Berna en Suiza, con el apoyo de su padre, quien también era médico; después regresó al país y se dedicó al manejo de enfermedades del útero y los anexos, llegando a ser considerada como la primera ginecóloga del país.

No obstante, tuvieron que pasar muchos años para que una universidad colombiana diera el título de medicina a una mujer, el cual fue otorgado a la ucraniana Paulina Beregoff en el año 1925 por la Universidad de Cartagena. Pasaron más años, disputas políticas y múltiples luchas para que la mujer colombiana pudiera acceder a una educación superior.

Fue así como en 1945 Inés Ochoa Pérez, una boyacense que decidió perseguir sus sueños obtuvo su título de “Dotor en Medicina y Ciencias Naturales” otorgado por la Universidad Nacional, también se especializó en ginecología y el hospital público de Tibasosa (Boyacá), lleva su nombre en su honor.

Actualmente en colombia cerca del 80% del Talento Humano en Salud son mujeres, divididas entre:

  • Auxiliares de enfermería.
  • Enfermeras.
  • Nutricionistas.
  • Fisioterapeutas.
  • Instrumentadoreas quirúrgicas.
  • Médicas.

Siendo estás ultimas un 53,5%, cifra que va en ascenso con el paso de los años, pues ahora son más mujeres las que ingresan a estudiar medicina. Sin embargo, a pesar de que el panorama resulta muy alentador y las mujeres participamos más en el área de la salud, siguen existiendo brevhas de género que dificultan el adecuado reconocimiento de nuestro trabajo, el acceso a altos cargos y la igualdas salarial, entre otros.

Lo anterior me recuera a una de las frases escritar por Simone de Beauvior, “Por otra parte, la estrcutura social no ha sido profundamente modificada por la evolución de la condición femenina. Este mundo que siempre ha pertenecido a los hombres, conserva todavía la fiscionomía que le han dado ellos”.

Al revisar estadísticas, se reporta que un 41% de los profesores de planta de las facultades de medicina son mujeres y solo un 30% de los cargos de liderazgo como decanatura y jefe de departamento pertenecen a estas, incluso se ha descrito que estos porcentajes son mejores en el ámbito intrahospitalario.

Se cree que estos escenarios han sido reforzados por la promoción del lenguaje ofensivo y excluyente, que no solo afecta a las mujeres, sino a las personas con identidad de género u orientación sexual diversa, e incluso a los hombres, pues la intención de exponer estos datos va ligado a aquella constrccuón de roles de género que ha impuesto la sociedad.

Como mencionaba al inicio, siempre se ha asociado a la mujer con el cuidado del hogar y los hijos, mientras que el hombre es el proveedor del hogar y quien sale a trabajar, y a pesar que al pasar del tiempo se han intentado deconstruit estos roles, datos nacionales informan que son las mujeres quienes participan en mayor medida en actividades de servicios comunales, sociales y personales, como sucede con los sectores de la educación y la salud, siendo un 31,7% mujeres y un 11,7% hobres.

De igual manera, existe una disminción de la remuneración salarial para las mujeres, identificada en un 12.1% menor que los hombres, a pesar de compartir muchas veces el mismo nivel educativo, incluso se ha descrito que las mujeres con estudios universitarios reciben un 18,8% menos que los hombres con estudios de este nivel.

Lo anterior, también se ha asociado a la sobrecarga percibida por algunas mujeres, en cuanto al hecho de tener más de una labor a su cargo, además de trabajar, muchas deben hacerse cargo de sus hogares y del cuidado de pares, lo cual aumenta la brecha al existir una pobre distribución equitativa de tareas entre géneros.

Algunas encuestas realizadas a estudiantes de medicina, médicas, residentes y especialistas, han descrito inequidades en la remuneración salarial, obstáculos para la contratación, limitado acceso a cargos de poder y falta de reconocimeinto por parte de los pacientes, lo que relacionan con el estigma de que, al ser mujeres, son más sensibles, emocionales, tienen riesgo de quedar en embarazo, son menos capaces y en algunos casos débiles, e incluso han descrito que pueden llegar a ser tratadas de manera devaluadora frente a colegas hombres.

Es por esto que nace la amplia necesidad de reconocer y recordar el largo camino que muchas mujeres han tenido que recorrer para llegar a este momento. También, invitar al trabajo conjunto entre profesionales de la salud para promover la equidad de género y recorrer juntos los kilómetros que quedan para cerrar la brecha existente.

Sin más, quisiera aprovechar este espacio para reconocer la participación en un 50% de mujeres en la junta de ANIR y el importante valor que cumple Marcela Portes, contadora de la Asociación, quien nos acompaña desde el año 1962.

Las mujeres estamos para permanecer y crecer.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 29 (Septiembre-Noviembre 2023). ISSN: 2539-505X (En línea).

septiembre 27, 2023

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