Colombia ya produce su propio videolaringoscopio
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Colombia ya produce su propio videolaringoscopio


El dispositivo aún no se había diseñado en el país, pero la pandemia del COVID-19 puso a prueba la creatividad de los expertos por la necesidad de realizar intubaciones frecuentemente, y aceleró la producción.


En Medellín, un grupo de científicos desarrolló el primer videolaringoscopio colombiano. Este novedoso dispositivo facilita la intubación de pacientes que requieren asistencia en el suministro de oxígeno cuando se encuentran imposibilitados para respirar por sí mismos, como sucede en los casos graves de COVID-19.

El instrumento es un desarrollo tecnológico que incorpora una cámara, con la que se observa las vías respiratorias del paciente. Esto reduce el riesgo de que durante el procedimiento se afecten las cuerdas vocales, la faringe, las encías o los labios, lo que brinda mayor precisión a los especialistas.

Los creadores del videolaringoscopio colombiano son los miembros de la alianza SimDesign, conformada por el Hospital Pablo Tobón Uribe y las universidades EAFIT y CES. Su director, el anestesiólogo José Fernando Arango, explica que “el procedimiento de intubación no es fácil, porque para utilizar el laringoscopio convencional se necesita una curva de entre 45 y 60 pacientes intubados de manera constante para desarrollar las habilidades motoras necesarias”. Además, durante una intubación existe una disminución del oxígeno en la sangre, lo que podría derivar en graves consecuencias neurológicas.

Para evitar estas nefastas consecuencias, en el mundo se emplea el videolaringoscopio desde hace más de quince años. Sin embargo, hasta ahora, el dispositivo aún no se había diseñado en el país. Pero la pandemia de COVID-19 puso a prueba la creatividad de los expertos por la necesidad de realizar intubaciones frecuentemente, y aceleró la producción de un videolaringoscopio propio. “El dispositivo que nosotros diseñamos tiene una cámara y una luz, con la que el especialista puede mirar en cualquier pantalla, incluso de una Tablet, dónde y cómo debe ir el tubo”, señala el anestesiólogo.

En Colombia, el videolaringoscopio era poco común en clínicas y hospitales, por su elevado valor, su corta vida útil -casi desechable- y porque carecía de un canal por el que introducir la luz que mejorara la visión del médico a la hora de realizar el procedimiento. El grupo de SimDesign quiso remediar dichas falencias, y se propuso crear el mismo dispositivo con un valor más asequible, una vida útil más prolongada y, sobre todo, incorporar el segundo canal, tan necesario para los especialistas de la intubación.

“Después de más de ocho años de trabajo y 60 o 70 prototipos, logramos diseñar este dispositivo, con un costo que se ajusta a las posibilidades de nuestro sistema de salud. Además, es reutilizable, puede llegar a cualquier hospital y reduce de 60 a 10 las intubaciones necesarias para preservar la vida de un paciente”, concluye José Fernando Arango.

El equipo científico de trabajo confía en que su creación mejore el proceso de intubación en el país.

Tecnología de punta y bajo costo

Antes de que se creara el videolaringoscopio colombiano, el dispositivo solo se podía adquirir en el extranjero. Tatiana Sierra Montoya, ingeniera biomédica que también participó en el proceso de diseño, detalla que el instrumento podía llegar a costar más de 150 millones de pesos. “Este es muy diferente, porque los materiales empleados son reusables y de bajo costo. La persona o institución que lo compra solo debe hacer un proceso de limpieza y volverlo a usar de manera segura”, afirma la ingeniera.

La simulación es un método propicio para probar los nuevos desarrollos tecnológicos en salud.

Otra apuesta importante del equipo diseñador fue construir el dispositivo para que pudiera ser armado y desarmado fácilmente, sin necesidad de ninguna herramienta adicional. “Todas las partes son removibles y eso elimina las herramientas extra, además de permitir una limpieza más rápida y profunda”, explica Juan Felipe Isaza, ingeniero y profesor de EAFIT.

Además, el proceso de fabricación del videolaringoscopio se hizo mediante la impresión 3D. Por esto, si alguien quiere producirlo en cualquier parte del mundo, solo necesita los archivos del diseño y una impresora tridimensional. Esto abarata grandemente los costos, porque solo se requeriría conseguir la cámara y agregársela para que funcione”, puntualiza Alejandro Celis, coordinador de Transferencia de Tecnología y Conocimiento de EAFIT.

Catalina Isaza, propietaria de la empresa Inmetech, encargada de la venta del instrumento, cuenta que, en la actualidad, este tiene un costo de tres millones de pesos, lo que lo hace muy asequible para las instituciones prestadoras de servicios de salud en Colombia. “Nosotros además prestamos una asesoría para que quien lo compre, aprenda a vincularlo a cualquier dispositivo electrónico que le sirva como monitor, como un celular o una Tablet”, apunta la empresaria.

Para evitar estas nefastas consecuencias, en el mundo se emplea el videolaringoscopio desde hace más de quince años. Sin embargo, hasta ahora, el dispositivo aún no se había diseñado en el país.

Un salvavidas durante la pandemia

En 2020, SimDesign ya había avanzado un largo trecho para la fabricación del videolaringoscopio, pues habían comprobado en simuladores y cadáveres que estaba listo para ser utilizado. No obstante, la llegada del COVID-19 impulsó su lanzamiento al mercado, porque, según explica José Fernando Arango, las organizaciones médicas recomendaban utilizar estos instrumentos para proteger la vida del personal médico, que podía contagiarse de COVID si intubaba con un videolaringoscopio convencional.

Pese a esto, conseguir un videolaringoscopio era imposible en los momentos más críticos de la pandemia, puesto que estaba agotado a nivel mundial. Incluso, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos -INVIMA- lo declaró “Dispositivo vital no disponible en el país”.

“En ese momento, contábamos con un desarrollo y la patente, pero no teníamos autorización para la comercialización, porque nos faltaba el registro INVIMA. Pero el INVIMA expidió un registro rápido para este tipo de dispositivos útiles, y así pudimos empezar a distribuirlo”, comenta la ingeniera Tatiana Sierra.

Así, en agosto de 2020, cuando se otorgó el registro sanitario del producto, Postobón, Leonisa, Dynacad, Ruta N y la fundación InnspiraMED donaron 650 videolaringoscopios a hospitales que atendían cerca de 13 mil pacientes en todo el país. “Las instituciones que lo han utilizado nos han dicho que el videolaringoscopio les ha permitido salvar muchas vidas, porque se pueden hacer intubaciones mucho más rápido y de manera muy precisa”, cuenta orgullosa Catalina Isaza.

Nueva forma de intubar

Entre risas, los diseñadores confiesan que los médicos y anestesiólogos más antiguos son reacios
a utilizar el videolaringoscopio, porque son reticentes al cambio de tecnología. Empero, ilusionados, también señalan que los nuevos médicos, que no están permeados por las tecnologías previas, encuentran en el dispositivo un importante aliado para hacer mejor su trabajo.

“Hemos visto cómo, en algunos casos, hay jóvenes que logran hacer una intubación al primer intento gracias al videolaringoscopio y eso indudablemente va a cambiar la forma de hacer el procedimiento”, afirma tajantemente José Fernando Arango.

Los estudiantes de medicina de las universidades EAFIT y CES ya cuentan con el dispositivo como parte de sus ejercicios médicos, lo cual, sin duda, les permitirá afianzar la técnica y hacer procedimientos más seguros y precisos.

Un futuro esperanzador

El Superintendente Nacional de Salud, Fabio Aristizábal Ángel, destaca las innovaciones que se vienen logrando en el país y reitera la necesidad de articular esfuerzos entre la academia, las instituciones científicas y el personal médico para garantizar el derecho a la salud. “Es crucial que en Colombia se vinculen todas las áreas, los saberes y las innovaciones tecnológicas, para garantizar la oportunidad y la calidad en la prestación del servicio de salud”, dice.

Por su parte, en la alianza SimDesign se muestran esperanzados en que todo su trabajo repercuta en una mejor salud para los colombianos. “Este dispositivo es la prueba de que debemos invertir más recursos para que los esfuerzos progresen y no queden estancados”, sostiene el ingeniero Juan Felipe Isaza.

Ahora, el grupo pone sus ojos en la construcción de un videolaringoscopio pediátrico. Por eso, hacen un llamado a todas las instituciones para que apoyen el proceso de construcción y financiamiento. “Mi sueño es que si alguien sufre un accidente, en la ambulancia haya un videolaringoscopio con el que se pueda atender en ese mismo lugar, y que se vuelva de uso rutinario”, dice con voz entusiasta el anestesiólogo Arango.

Fuente: Publicación digital de la Superintendencia Nacional de Salud. Revista Monitor Salud. Ed. Nº 9 (Marzo-Junio 2020)

septiembre 12, 2022

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