Cambio de sexo, de identidad de género y de orientación sexual del bebé Bruce Reim
Actualidad, Bioética

Cambio de sexo, de identidad de género y de orientación sexual del bebé Bruce Reim


¡Uff, qué locura!


PARTE VII


GENÉTICA CONDUCTUAL: Efectos de los genes sobre el comportamiento de las personas.


Por Stevenson Marulanda Plata – Presidente del Colegio Médico Colombiano

PARTE VII. Genética Conductual. Efectos de los genes en el comportamiento de las personas.


Cuando Ron y Janet, los padres, y Bruce y Brian sus bebés gemelos, cruzaron la frontera de Winnipeg a Baltimore, el doctor Money se frotaba las manos. Ansiaba, con la dopamina de la fama a millón, ser una celebridad de gran prestigio científico mundial, pues tenía el experimento perfecto para “confirmar” sus teorías conductivistas. Bruce, el objeto de estudio, y Brian, el caso control.

Y para ser honestos, él creía con devoción sincera que el niñito del accidente eléctrico de la circuncisión en Winnipeg tenía mejores posibilidades de ser feliz como mujer hechiza que como un hombre natural sin pene.

Seis cosas

Y así, con la ambición dopaminérgica en modo avión, sin pedir permiso al comité de bioética de la Universidad ni del Hospital, se lanzó a la odisea científica de cambiar la identidad de género (la conciencia sexual) y la orientación sexual (la búsqueda de pareja sexual) de aquel infante, inmaduro en todas las esferas humanas. Manos a la obra, dijo, y sin pensarlos dos veces, aconsejó a los atribulados padres las siguientes seis cosas:

Una: le harían creer, le meterían en su conciencia, en su subjetividad, en su yo freudiano, que había nacido hembra.

Dos: la educarían como tal.

Tres: lo someterían a cirugías de reasignación de sexo.

Cuatro: le darían hormonas femeninas.

Cinco: la someterían permanentemente a seguimiento y controles estrictos con él, sin que sospechara, por ningún punto que el/ella era un paciente objeto de estudio y experimentación científica comportamental.

Y Seis, que, si querían que el cambio de sexo funcionara, ni por un punto debían decirle a Brenda (ese fue el nombre que le escogieron), ni a nadie, que había nacido siendo niño.

Los seres humanos con genes que segregan niveles altos de dopamina son los que tienen más parejas sexuales y su primera relación sexual a una edad más temprana. A su vez, la oxitocina y la vasopresina (hormonas de la buena madre y del buen marido), que circulan por el núcleo accumbens (sistema límbico), son las hormonas más asociadas con las relaciones duraderas, el amor de compañeros, el amor sereno, el amor eterno, el amor fiel y monógamo, el amor viejo, ese que nunca se olvida.

Dopamina, Daniel Lieberman, en Dopamina, página 43

¿Qué es un genoma?

Es todo el potencial genético —toda la información genética— contenido en cada célula de los organismos vivos, o en partículas virales, cuyo destino es existir, desarrollarse, funcionar, sobrevivir y multiplicarse en forma de cuerpo individual libre, único, irrepetible y autónomo, cada uno, así sea una cucaracha, una tuqueca, una mariposa, una matica de cualquier cosa, una bacteria, el virus del Covid19, usted, yo, Sofía Loren o Joe Biden.

De esta manera, en este paisaje genómico, ambiental, evolutivo, que es la Tierra, a través de millones y millones de años, la biología inventó, en la escala animal, el cerebro y el sistema nervioso central para poder moverse, sentir, pensar, aprender, y ¡OJO!  R-E-P-R-O-D-U-C-I-R-S-E, Y SER F-E-L-I-Z.

Teniendo en cuenta, no está por demás decirlo, que, lo que distingue a los seres humanos de los otros animales, lo que nos hace únicos, es su mayor capacidad genómica para pensar, aprender y sentir, por eso fuimos a la Luna, y ya estamos leyendo y rescribiendo nuestro propio genoma y el de todas las formas vivientes, muertas y vivas, incluyendo el Neandertal. 

En este contexto evolutivo nació la dopamina, todas las hormonas, todos los neurotransmisores y sus redes neuronales. De esta forma, cada sustancia de estas, tiene su propio gen en un puesto especifico en el genoma, no solo en el humano, sino en toda la escala animal, desde los insectos hacia arriba.

Genética del comportamiento y conducta sexuales.

El sexo es una cosa de extrema importancia desde la perspectiva evolutiva. Esto induce a pensar que, los genes del sexo (genotipo/genoma) no pueden estar separados, desconectados, de las conductas y comportamientos implicados en el ejercicio de la sexualidad (fenotipo mental/conducta, comportamientos sexuales).

De este modo, debemos tener muy en cuenta que, el milagroso invento de lo femenino y lo masculino NO fue una casualidad del destino biológico, —creaciones infinitas de adanes y evas—cuyo único y último fin es la procreación sucesiva. NO. Fue una necesidad urgente de la selección natural. La unión en cópula sexual de lo masculino con lo femenino, es aún más importante para la recombinación rápida y eficiente de los mejores genes de cada padre, en procura de un genoma hijo cada vez más apto para la existencia, desarrollo, supervivencia, procreación y felicidad de los nuevos individuos.

Desde este análisis biológico evolutivo es que se me hace muy fácil pensar que la información contenida en la genómica del cerebro (genotipo mental) se expresa en una Santísima Trinidad Fenotípica. Dicho en palabras terrenales: cuerpo, mente y sus funcionamientos (incluyendo el sexual), vienen escritos de manera indisoluble en cada tira de ADN, lo que predispone (diferente a dispone) a las personas a comportarse de una u otra manera.

El doctor Money no sabía esto, no era de su tiempo, por eso le fue tan mal en su experimento Bruce-Brenda, y el pobre David se suicidó el cinco de mayo de 2004 con una escopeta de dos cañones recortados en un parqueadero de un super mercado de Winnipeg.

El D4DR, el gen de la dopamina. *

A comienzos de los años 90 un genetista israelí, Richard Epstein, se interesó por el estudio de la personalidad humana y la genética. A este respecto, se sabe, por ejemplo, que los humanos con síndrome de Down son seres dulcísimos.

Epstein se sentía especialmente atraído por un subtipo especial de personalidad:  los buscadores de novedades o “neófilos”, que son aquellas personas adictas a la estimulación y la excitación: impulsivos, exploradores, veleidosos, excitables y extravagantes. Los “neófobos”, por el contrario, son reflexivos, rígidos, fieles, estoicos, pausados y frugales.

*El gen. Siddhartha Mukhherjjee, página 453.

Utilizando pruebas psicológicas reconocidas previamente, combinadas con técnicas moleculares y genéticas, Epstein descubrió en 124 voluntarios (hiper ansiosos buscadores de novedades), la presencia en una medida desproporcionada de un determinante genético, una variante de un gen del receptor de la dopamina llamado D4DR.

*Richard P. Epstein et al., “Dopamine D4 receptor D4DR exón III polymorphism associated with the human personality trait of novelty seeking”, Nature Genetics, vol 12, n. 1 (1996), pp. 78-80.  Citado por Mukhherjjee.

El gen de la monogamia.

“Los científicos han estudiado estos neurotransmisores en el laboratorio en diversos animales. Así, por ejemplo, cuando inyectaron oxitocina en el cerebro de las hembras de topillo de la pradera, los animales formaron un vínculo duradero con cualquier macho que estuviera cerca. De forma parecida, cuándo a los topillos machos, que estaban programados genéticamente para ser promiscuos, se les puso un gen que estimulaba la vasopresina, se aparearon con una sola hembra, aunque hubiera otras muchas en celo”.

Dopamina. Daniel Lieberman, página 42.

La testosterona incrementa el emperramiento sexual, la soltería, la infidelidad y la poligamia.

El neurotransmisor dopamina y la hormona sexual testosterona cooperan, trabajan juntas, y secuencialmente mueven los motores de búsqueda de la felicidad sexual. La primera, como ya lo dijimos antes, es la chispa que impulsa el deseo en los arranques de sensualidad y erotismo, y la segunda, enruta y potencia ese deseo hacia el objeto sexual elegido (¿preferido?), preparando físicamente al cuerpo (erotismo) para la actividad sexual propiamente dicha.

Por eso se dice que la testosterona es un potenciador, un acelerante del deseo sexual dopaminérgico. También se sabe que el amor apasionado, el amor erótico, el amor dopaminérgico, suele aumentar el deseo de tener relaciones sexuales, y que los hombres con niveles naturales altos de dopamina y testosterona en sangre son mujeriegos y no propensos para casarse ni a la monogamia.

Fonseca La Guajira, enero 12 del 2023.

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enero 13, 2023

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