Cerca de 120 biotecnológicos perderán patente en el mundo durante la próxima década, una oportunidad clave para ampliar el acceso a tratamientos avanzados para los pacientes.
América Latina se enfrenta a un desafío creciente en el manejo de condiciones complejas impulsado por el crecimiento demográfico, la mayor capacidad de detección y, especialmente, el envejecimiento de la población.
De hecho, en la región, el número de adultos mayores pasará de 84 millones en 2022 a 220 millones en 2060, y en países como Colombia y Brasil, la proporción de personas mayores de 60 años superará el 30%, duplicando lo registrado en 2022.
Este envejecimiento, sumado a la prevalencia de hábitos de vida no saludables, está aumentando la incidencia de patologías como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las autoinmunes.
En este contexto, tecnologías avanzadas como los medicamentos biotecnológicos se han vuelto esenciales para tratar estas condiciones; y así mismo, los biosimilares representan una alternativa clave a estos biotecnológicos, “se trata de medicamentos altamente similares a un biológico de referencia y que cumplen los mismos estándares de calidad, seguridad y eficacia. Su incorporación permite ampliar el acceso a tratamientos avanzados, fortalecer la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud y mejorar la calidad de vida de millones de personas”, explicó el doctor Álvaro Rojas, director Médico de Abbott en Latinoamérica.
Biosimilares: eficacia y ahorro comprobados
Los biosimilares están regulados por las mismas autoridades que supervisan los biológicos originales y cumplen con estrictos estándares científicos. Tras casi dos décadas de uso global, han demostrado ser seguros y efectivos, lo que ha motivado la promoción de su adopción por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Por ejemplo, en Europa, 86 biosimilares han sido autorizados y son considerados intercambiables con sus biológicos de referencia, mientras que Estados Unidos avanza en la misma dirección.
Por su parte, en América Latina, la adopción de biosimilares está creciendo: Colombia cuenta con 47 aprobados, México con 39 y Brasil con 51. Esto indica un reconocimiento creciente de su valor, abriendo la puerta a un acceso más amplio y a una mejor atención para condiciones difíciles de tratar.
Asimismo, estos medicamentos contribuyen a la sostenibilidad financiera de los sistemas de salud. A nivel global, se estima que podrían generar hasta USD $290 mil millones en ahorros acumulados para 2027, recursos que podrían reinvertirse en ampliar la cobertura y financiar nuevos tratamientos.
En Colombia, se estimó que la entrada de solo dos competidores biosimilares para los ocho principales biotecnológicos habría generado hasta USD $300 millones en ahorros, representando más oportunidades para quienes esperan tratamientos vitales.
Retos y oportunidades para ampliar el acceso
Sin embargo, a pesar de los avances, persisten desafíos importantes. Uno de ellos es la falta de claridad sobre la intercambiabilidad: es decir, las reglas que determinan cuándo, cómo y bajo qué criterios un biosimilar puede sustituir a su biológico de referencia durante el tratamiento.
Hoy, las normativas varían ampliamente entre países y, en muchos casos, ni siquiera existen lineamientos actualizados, lo que genera incertidumbre tanto para los profesionales de la salud como para los pacientes.
Frente a ello, la Fundación para la Salud de las Américas (AHF) reunió a un panel multidisciplinario de expertos en biosimilares e intercambiabilidad, cuyos hallazgos publicados en The Lancet Oncology destacan que simplificar regulaciones y reconocer evaluaciones de agencias de alto nivel, como la EMA o autoridades alineadas con la OMS, puede acelerar el acceso.
El panel también incluye recomendaciones para desarrollar una hoja de ruta regional que aborde barreras normativas, fomente el conocimiento técnico y facilite la adquisición de biosimilares para enfermedades de alto impacto como cáncer de mama y colorrectal.
Además, los expertos destacan que la educación continua es un pilar fundamental, pues muchos profesionales de la salud aún tienen dudas sobre la seguridad, la evidencia clínica y la calidad de estos medicamentos.
Por ello, fortalecer la formación mediante estrategias de comunicación y educación más eficaces —especialmente en sistemas de salud con recursos limitados— y promover la divulgación científica resulta clave para generar confianza y favorecer decisiones informadas.
Durante la próxima década, se estima que aproximadamente 120 productos biotecnológicos perderán patente en el mundo. Para América Latina, esto representa una oportunidad para ampliar el acceso a la atención avanzada.
“La región tiene la posibilidad de convertir la ciencia en acceso real. Para lograrlo, se necesitan guías y reglas claras, así como un compromiso real con la educación de pacientes y profesionales. Solo así podremos aprovechar el potencial de los biosimilares y traducirlo en más opciones terapéuticas, mejores resultados en salud y un futuro más equitativo para millones de personas”, concluyó el doctor Rojas.















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