El costo real de la Medicina Basada en la Evidencia: el Laberinto de Fausto
Actualidad, Discusión

El costo real de la Medicina Basada en la Evidencia: el Laberinto de Fausto


Por: Juan Martín Montoya Osorio, médico de la Pontificia Universidad Javeriana y especialista en Epidemiología de la Universidad de los Andes.

ESCUCHA ESTE ARTÍCULO

En pleno 2025, aún encontramos estudios que reeditan viejos debates. Recientemente, encontré una publicación en Twitter (ahora X) de *The New England Journal of Medicine titulada “A Crossover Trial of Hospital-Wide Lactated Ringer’s Solution versus Normal Saline” (McIntyre et al., 2025).

Este estudio involucró a 43.626 pacientes en siete hospitales canadienses, comparando la solución salina normal con la solución de Ringer lactato. El resultado combinado de muerte o readmisión a los 90 días fue prácticamente idéntico: 20,3 % frente a 21,4 % (–0,53 puntos porcentuales; IC del 95 %: –1,85 a 0,79; p = 0,35). En otras palabras, la misma historia de siempre.

Es sorprendente, casi escandaloso, que en el siglo XXI se sigan destinando enormes recursos públicos y privados a hipótesis con un impacto real mínimo en la salud pública. Rara vez nos preguntamos por qué ocurren ciertas afecciones o cómo prevenirlas.

La evidencia como muralla

Creo entender el porqué. Hemos llegado a un punto muerto. Una nueva filosofía impregna la ciencia, la medicina y la política: todo debe basarse en la «evidencia». Pero, ¿qué es exactamente la evidencia?

Según la RAE, la evidencia es «el conjunto de hechos o información disponible que indica si una creencia o proposición es verdadera o válida». Esto plantea preguntas: ¿Es posible acceder a la verdad absoluta? ¿Puede un conjunto de datos y parámetros estadísticos decirnos definitivamente si un tratamiento es mejor que otro?

Mi respuesta: no del todo. Este modelo se basa en el cientificismo y el positivismo de Comte, quien casi elevó la ciencia a la categoría de religión, junto con cierta arrogancia entre quienes trabajamos en STEM.

Un breve viaje filosófico

La búsqueda de la verdad, la moral o la justicia ha acompañado a la filosofía durante más de tres milenios. Platón y Aristóteles, idealistas y materialistas, allanaron el camino para Descartes, cuyo “Discurso del método” sentó las bases de la investigación científica. Para Descartes, la razón podía conducir a verdades absolutas.

Sin embargo, las ideas evolucionan. Hegel veía la verdad como un proceso dinámico, y Nietzsche declaró: “No existen hechos, solo interpretaciones». Hoy en día, predomina el pragmatismo: la verdad es lo que funciona en la práctica. Por lo tanto, no existe una verdad única ni un acceso irrefutable a ella, independientemente del método.

La medicina basada en la evidencia (MBE) puede ayudar a responder preguntas y guiar la toma de decisiones, pero no debe convertirse en un dogma.

La tormenta perfecta

Las dos primeras décadas del siglo XXI trajeron consigo la digitalización, la globalización y cambios radicales en la enseñanza de la medicina. Se privilegia la inmediatez: desaparecen los libros de texto y los papers mandan.

Aumentan las clases sobre “evidencia científica”, epidemiología y metodología, mientras que disminuyen la mentoría, la práctica clínica y el contacto real con los pacientes. Incluso se propone acortar la formación médica a tres o cuatro años, con una «sobreespecialización» temprana.

A esto se suma el auge de la inteligencia artificial, que iguala o supera a médicos y residentes en los exámenes estandarizados y desafía el aprendizaje tradicional de la heurística y el razonamiento clínico. Esto crea una tormenta perfecta que amenaza el arte de la medicina.

Luces y sombras de la medicina basada en la evidencia

No todo es negativo. Gracias a la MBE, hemos estandarizado las prácticas, reducido la variabilidad clínica, detectado intervenciones ineficaces o perjudiciales y optimizado los recursos. No obstante, su institucionalización casi dogmática ha causado profundas distorsiones:

  • Remuneración ligada al número de publicaciones.
  • Prestigio basado en el número de citas.
  • Obligación de publicar artículos por semestre, favoreciendo la cantidad sobre la calidad.

Los pacientes han dejado de ser individuos y se ven reducidos a meros datos. Hoy en día, se ridiculiza a los colegas por no estar “al día” y se castiga a los residentes por no presentar la evidencia más reciente. Hemos erigido un altar digital, venerando “la última evidencia” como Dios encarnado en internet.

Poder, industria y ruido

Gran parte de la investigación está financiada por la industria y las estadísticas pueden manipularse para usarse a conveniencia. Como señaló Foucault, “el conocimiento verdadero es inseparable del poder”.

En 2022, se publicaron más de 5,14 millones de artículos académicos en todo el mundo, casi diez por minuto (WordsRated, 2023). Muchos representan falsos positivos, preguntas irrelevantes o nichos minúsculos sin costo-efectividad.

No todo está perdido. Las reformas propuestas incluyen:

  • Valorar la calidad metodológica por encima del tipo de estudio.
  • Reconocer que un caso clínico bien documentado puede aportar más información que una revisión sistemática irrelevante.
  • Aumentar el número de revistas de acceso abierto y mejorar las guías para cada tipo de estudio.

Un llamado al pragmatismo

Hace casi veinte años, el Dr. Jerome Groopman, jefe de Hemato-Oncología del GMH de Harvard, escribió en How doctors Think: “La rígida dependencia de la evidencia convierte al médico en decisor pasivo, basado únicamente en números. Pero la estadística no puede ni debe sustituir al ser humano que uno tiene delante”.

En la actualidad, esta dependencia plantea un doble peligro: nos deshumaniza y nos hace reemplazables. Ante la inteligencia artificial, ser meros intérpretes de datos nos convierte en profesionales dispensables.

Mi invitación es a usar la MBE de forma pragmática, como un marco, no como una religión. No despreciemos lo que no aparece en Nature, JAMA o The Lancet, ni al paciente que cree en alternativas de salud holísticas o complementarias. La experiencia y las distintas visiones de salud y enfermedad son valiosas y deberían integrarse a nuestro arsenal de herramientas.

Recuperar el arte de la medicina

La medicina es el arte de acompañar a los enfermos, escucharlos y buscar soluciones juntos. El paternalismo disfrazado de evidencia ha quedado atrás. Necesitamos una medicina personalizada que vea al paciente como un ser humano, no solo como una enfermedad; que combine lo mejor de la ciencia y de lo humano para una práctica digna, responsable y empática. Una medicina que nos vuelva más cuidadores y menos estrategas.

Tenemos el deber de actuar con todas las herramientas disponibles de la mejor manera posible. Como afirmó Bernard de Mandeville en Las fábulas de las abejas: convertir los vicios privados en beneficios públicos. Debemos devolverle a la medicina basada en la evidencia su razón de ser: responder a preguntas que conduzcan a mejores resultados de salud para las personas.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. N° 38 (Diciembre 2025-Febrero 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYa

10 diciembre, 2025

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comité Editorial

Director
Dr. Stevenson Marulanda Plata

Editora
Maricielo Acero Rodríguez

Asesores Médicos
Dr. Jorge Diego Acosta Correa
Dra. Ivonne Díaz Yamal
Dr. Oswaldo Alfonso Borraez
Dr. Samuel Barbosa

Contacto comercial
Mary Stella Ardila Guzmán

NOSOTROS

Epicrisis es el órgano oficial de comunicación del Colegio Médico Colombiano. La opinión y conceptos personales expresados en los artículos firmados por un tercero no reflejan la posición de Epicrisis o el Colegio Médico Colombiano.

PBX: (+571) 746 3489 – Celular:(+57) 314 566 2174 – (+57) 323 232 4543 – (+57) 323 232 7752 – (+57) 314 566 2198Email : pqrs@colegiomedicocolombiano.org
Dirección: Carrera 7 # 69 – 17 – Bogotá, Colombia