Nueva pirámide nutricional y enfermedades crónicas: el papel de la farmacología y nutrición clínica
Discusión

Nueva pirámide nutricional y enfermedades crónicas: el papel de la farmacología y nutrición clínica

Tuvimos este año una actualización y un giro de 180 grados a la pirámide nutricional originaria de los años 70 en Suecia, pero popularizada en los 90 en Estados Unidos.


Por: Dr. Peter Vergara Ramírez,  especialista en cuidado intensivo, farmacología clínica y nutrición clínica, maestrante en medicina personalizada y farmacogenómica. Director del comité de farmacología clínica AMCI. Intensivista y farmacólogo clínico de la Clínica Nueva (Bogotá)


Estos más de 50 años en los que se venía recomendando el consumo de alimentos con patrones lo más cercanos posibles a la dieta mediterránea parecen haber quedado en el pasado, por lo menos hasta que la futura evidencia nos lleve a generar nuevamente un cambio.

Las enfermedades no transmisibles (ENT) son la principal causa de muerte mundial, representando el 75 % de los fallecimientos (43 millones en 2021), impulsadas por el envejecimiento, la urbanización y estilos de vida poco saludables.

Tenemos enfermedades autoinmunes o inflamatorias que vienen presentándose y desarrollándose a edades más tempranas que antes. ¿El aumento de estas cifras se debe a un diagnóstico más oportuno o a que la población está más expuesta a sustancias proinflamatorias? Podría ser por ambas.

Si bien el cambio en la pirámide nutricional busca llevarnos a una vida más saludable, para los pacientes que padecen enfermedades crónicas como las cardiovasculares, diabetes o varias del espectro inflamatorio (artritis reumatoide, lupus, enfermedades intestinales), y esa de la que se habla mucho pero que es tan difícil abordar como la fibromialgia, el interrogante eterno es: ¿y esos medicamentos son por cuánto tiempo? Donde la respuesta más repetida y seguramente honesta es: “de por vida”.

La nueva pirámide plantea un gran potencial para prevenir y frenar la progresión de enfermedades crónicas, pero no hay evidencia seria que permita afirmar que, en general, pueda controlarse solo con alimentación ni que baste la dieta para suspender medicamentos sin una evaluación clínica individual.

Impacto potencial de la nueva pirámide en enfermedades crónicas

Con la nueva pirámide se espera que un patrón basado en “real food” (proteínas de calidad, lácteos, verduras, frutas, grasas saludables y granos integrales, con reducción marcada de ultraprocesados, azúcares añadidos, harinas refinadas y sodio) pueda “cambiar la trayectoria de salud” y ayudar a prevenir o ralentizar enfermedades crónicas como obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

Esta visión es coherente con revisiones científicas previas (Mediterránea, plant-based, patrones antiinflamatorios) que muestran que una alimentación rica en vegetales, legumbres, frutos secos, granos integrales y baja en azúcares añadidos, carnes procesadas y ultraprocesados reduce el riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, eventos cardiovasculares y mortalidad.

Es por esto que las nuevas guías 2025-2030 enfatizan de forma más explícita eliminar o minimizar ultraprocesados, azúcares añadidos, harinas refinadas y bebidas azucaradas, así como priorizar proteínas y grasas “reales” (huevos, carnes, lácteos enteros, pescados, frutos secos, aceite de oliva), lo que va en la misma dirección de controlar factores clave como resistencia a la insulina, inflamación sistémica y dislipidemia.

Si se aplicaran a gran escala, es razonable esperar una reducción en la incidencia y progresión de la obesidad, el síndrome metabólico, la hipertensión y la diabetes tipo 2, aunque todavía no contamos con décadas de seguimiento específicas para esta versión de las guías.

¿Qué dicen la FDA y otras agencias sobre la dieta y la enfermedad crónica?

Tanto las Dietary Guidelines oficiales como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, sigla en inglés) reconocen que la dieta es un determinante mayor de enfermedades crónicas relacionadas con la alimentación (las ya mencionadas previamente y algunos cánceres).

Se han emitido guías para reducción voluntaria de sodio en la industria alimentaria y también se han impulsado mensajes de orientación dietaria en etiquetas (ya adoptada en nuestro país) para reducir enfermedades relacionadas con la dieta a nivel poblacional.

Sin embargo, ni la FDA ni las propias Dietary Guidelines afirman que la alimentación, por sí sola, sustituya el tratamiento farmacológico en personas que ya tienen enfermedades crónicas establecidas; más bien, se habla de prevenir la aparición, reducir el riesgo de progresión y mejorar el control de factores de riesgo.

En pacientes con enfermedades crónicas, las revisiones recientes subrayan la “autogestión nutricional” como componente esencial del manejo (reduce exacerbaciones, mejora el control metabólico y la calidad de vida), pero la describen como terapia coadyuvante, no como sustituto universal de fármacos. Tenemos entonces que los ajustes de la alimentación hacen parte del tratamiento no farmacológico para estas y muchas más patologías.

¿Se pueden controlar las enfermedades crónicas solo con alimentación?

La evidencia muestra que:

En personas sin enfermedad establecida, un patrón alimentario saludable puede prevenir o retrasar significativamente la aparición de obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

En estadios iniciales o condiciones “limítrofes” (prediabetes, hipertensión leve, sobrepeso, hígado graso), una intervención intensiva en dieta y estilo de vida puede normalizar parámetros sin necesidad de medicación en una proporción de pacientes, sobre todo cuando se combina con actividad física y pérdida de peso.

En enfermedades crónicas ya establecidas y de larga evolución, la dieta puede mejorar control glucémico, presión arterial, perfil lipídico, inflamación y necesidad de dosis de medicación, pero la mayoría de guías clínicas no recomiendan suspender fármacos solo por cambios dietarios y advierten hacerlo siempre bajo supervisión estrecha del profesional de la salud.

Además, hay que tener en cuenta que existen factores no modificables (genética, edad, daño de órgano ya establecido, duración de la enfermedad) que limitan cuánto se puede revertir solo con alimentación. En patologías como cardiopatía isquémica establecida, insuficiencia cardíaca, nefropatía diabética o complicaciones microvasculares, un cambio de dieta mejora el pronóstico y la calidad de vida, pero no sustituye tratamientos como antiagregantes, estatinas, IECAs o insulina en la mayoría de los casos.

¿Es realista el pensamiento de reducir paulatinamente la medicación con dieta + equipo clínico

Lo que sí apoya la evidencia es:

Reducción de dosis o número de fármacos en algunos pacientes: programas de intervención intensiva en estilo de vida (dieta estructurada, pérdida de peso, ejercicio y seguimiento estrecho) han permitido reducir antihipertensivos, antidiabéticos orales e incluso insulina en subgrupos de pacientes con hipertensión o diabetes tipo 2, siempre con monitorización médica y ajustes individualizados.

Rol clave del equipo multidisciplinario: especialistas de medicina interna/endocrinología, farmacología clínica y nutrición clínica son fundamentales para evitar interacciones, descompensaciones, hipoglucemias o descontrol tensional al modificar simultáneamente dieta y medicación.

Enfoque gradual y basado en datos: las reducciones de medicación se hacen según respuesta objetiva (HbA1c, presión arterial ambulatoria, perfil lipídico, peso, función renal, síntomas), no como decisión teórica basada solo en haber “mejorado la dieta”.

Por tanto, es factible que, con una dieta alineada con las nuevas guías, pérdida de peso, ejercicio y apoyo de especialistas en farmacología clínica y nutrición, muchos pacientes puedan disminuir su carga farmacológica y mejorar marcadores de enfermedad, pero esto:

No es posible ni seguro en todos los casos.

No debe plantearse como objetivo de “cero medicación”, sino como “máximo control con mínima medicación necesaria”, manteniendo la seguridad y calidad de vida.

La “cero medicación” podría ser posible en algunos casos específicos.

La farmacología clínica y la nutrición clínica se basan en el principio de la medicina personalizada, haciendo evaluaciones, ajustes y tratamientos de forma individual, mientras que las guías son colectivas.

Es por esto que, con el auge de las redes sociales y la multiinformación, es muy fácil caer y creer que patrones de alimentación colectivos van a tener el mismo impacto en individuos con características diferentes; además del riesgo que se corre con la automedicación, ahora nos enfrentamos a la autoformulación de dietas y patrones de alimentación que también representan riesgos enormes para la salud.

Se respalda la dieta (que deberíamos dejar de llamar dieta y empezar a decir alimentación) como un pilar terapéutico, pero no el único, y que el abordaje multidisciplinario e individualizado con un seguimiento periódico siempre tendrá mejores desenlaces.


Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. N° 39 (Marzo – Mayo 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYa

18 abril, 2026

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