Del Covid-19 al herpes zóster: ¿Qué vacunas necesitan los adultos hoy?
Entrevista

Del Covid-19 al herpes zóster: ¿Qué vacunas necesitan los adultos hoy?

La vacunación en la adultez tiene un papel clave para reducir la transmisión, la gravedad y las complicaciones de diversas enfermedades.

La doctora Shirley Vanessa Correa, médica internista, subespecialista en infectología y miembro del comité de vacunación de adultos de la ACIN explica que mantener el calendario de vacunas y aplicar refuerzos según indicación protege tanto a la persona como a la comunidad.

CMC: ¿Qué tan importante es la vacunación de adultos para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas en comparación con la inmunización infantil?

Dra. Correa: Es igual de importante, dado que al envejecer sucede un proceso en el sistema inmune llamado inmunosenescencia; esto significa que el sistema inmune “envejece” y deja de ser tan efectivo como antes.

A pesar de haber recibido vacunas durante la niñez o la adolescencia, esa inmunidad puede disminuir y no protegernos igual contra las infecciones, por lo que somos susceptibles de presentar cuadros más graves.

Además, algunas vacunas requieren refuerzos periódicos para potenciar la respuesta inmune e incluso vacunarse contra enfermedades que ya hemos padecido —como la varicela zóster— evita reactivaciones en la adultez que pueden asociarse a complicaciones permanentes, por ejemplo, la neuropatía posherpética.

CMC:¿Cuáles son los conceptos erróneos más comunes que tienen los adultos sobre las vacunas y cómo se pueden corregir?

Dra. Correa: Que son inseguras. Esto no es verdad: todas las vacunas tienen estudios de seguridad que las avalan para su uso en adultos y, en muchos casos, en recién nacidos. Como cualquier intervención, pueden producir efectos adversos, normalmente leves, como dolor en el lugar de aplicación, malestar general y, en algunos casos, fiebre; esto refleja la activación de la respuesta inmune para generar memoria y anticuerpos, que luego nos protegen frente a las infecciones.

Que desencadenan otras enfermedades. En consulta he oído que, tras vacunarse, algún familiar sufrió un infarto, cáncer o un accidente cerebrovascular. Casualidad no es lo mismo que causalidad; probablemente, al revisar los antecedentes, esa persona tenía múltiples factores de riesgo que conducían a ese desenlace y la vacuna no tuvo relación.

Que vacunarse provoca la enfermedad. Esto es falso en el caso de vacunas no vivas, que se diseñan con partes del microorganismo; al no contener el microorganismo completo, es imposible que produzcan la enfermedad.

En las vacunas con microorganismo vivo atenuado esto podría ocurrir en forma muy infrecuente; además, dichas vacunas suelen estar contraindicadas en pacientes con inmunosupresión. En personas inmunocompetentes —la mayoría de los adultos menores de 60 años— ese riesgo prácticamente no existe.

CMC: ¿Puede explicar la importancia de la nueva cepa del virus H3N2 y en qué se diferencia de los virus de influenza anteriores?

Dra. Correa: La importancia radica en que ha circulado más de lo habitual durante el último año en el mundo, respecto a su frecuencia previa. En cuanto a la clínica, sus manifestaciones son idénticas a las de otras cepas de influenza, como la AH1N1.

Ambas se previenen mediante la vacunación y las dos tienen el potencial de producir neumonías virales y complicaciones respiratorias severas que pueden causar la muerte.

CMC: ¿Cómo afecta el virus H3N2 a los diferentes grupos de edad y por qué deberían preocuparse especialmente los adultos?

Dra. Correa: El virus influenza H3N2, en cuanto a fisiopatología, es igual a otros tipos de virus influenza: puede afectar a cualquier persona, pero provoca cuadros más severos en adultos mayores y en personas inmunosuprimidas no vacunadas.

La infección puede variar desde una gripe leve, autolimitada en una semana, hasta neumonía viral que requiera soporte de oxígeno de bajo o alto flujo, falla ventilatoria, intubación orotraqueal, ingreso a unidad de cuidados intensivos y muerte.

Además, el tratamiento antiviral disponible, oseltamivir, pierde efectividad para evitar la progresión a neumonía si se inicia después de 48–72 horas desde el inicio de los síntomas.

La vacunación, junto con otras medidas como el lavado de manos, el uso de mascarillas, evitar el contacto con personas sintomáticas o aislarse cuando se está enfermo, son las estrategias más poderosas para prevenir la infección por este virus.

CMC: ¿Qué vacunas se recomiendan actualmente para que los adultos se protejan contra la influenza, incluida la cepa H3N2?

Dra. Correa: En Colombia tenemos disponibles dos vacunas:

  • Vacuna trivalente: incluida en el plan de beneficios de salud de forma gratuita; protege de infecciones severas causadas por dos cepas de influenza A —A(H1N1) y A(H3N2)— y por un linaje B/Victoria.
  • Vacuna tetravalente: se entrega con formulación MIPRES hecha por un médico o se adquiere de forma particular; protege contra las mismas dos cepas de influenza A —A(H1N1) y A(H3N2)— y cubre además dos linajes B: B/Victoria y B/Yamagata.

Ambas se administran anualmente y protegen frente a la cepa A H3N2, por lo que cualquiera de las dos ayudará a proteger contra las cepas que más circulan y causan infección en el país.

CMC: ¿Qué tan efectivas son las vacunas contra la influenza existentes frente a la nueva variante H3N2?

Dra. Correa: A pesar de las diferencias antigénicas de la variante A(H3N2) con otros virus influenza, la protección de la vacuna frente a hospitalizaciones se mantiene: según datos recientes, la vacuna puede ofrecer hasta un 75 % de protección en niños y alrededor de un 40 % en adultos; además reduce el ingreso a UCI y la muerte por influenza en porcentajes importantes.

CMC: ¿Qué papel desempeña la vacunación en la reducción de la gravedad de la enfermedad y las hospitalizaciones relacionadas con las diferentes infecciones?

Dra. Correa: El año pasado, la asociación europea de cardiología posicionó a las vacunas como el cuarto pilar de la prevención del riesgo cardiovascular, junto con los antihipertensivos, los hipolipemiantes y los medicamentos para la diabetes, porque diversos patógenos prevenibles por vacunación —influenza, Covid-19, neumococo, virus respiratorio sincitial— aumentan el riesgo cardiovascular en adultos sanos y de forma muy significativa en personas con riesgo.

Que una persona con múltiples comorbilidades cardiovasculares presente una de estas infecciones se asocia a más eventos cardiovasculares mayores, como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, falla cardíaca y muerte; esta asociación está comprobada con influenza y neumococo, que es la bacteria vinculada al aumento del riesgo cardiovascular, descompensación de enfermedades, estancia en UCI por enfermedad invasiva y muerte.

Además, prevenir estas infecciones mediante la vacunación disminuye la descompensación de enfermedades como asma o EPOC; incluso hay estudios que muestran que la vacunación contra el herpes zóster, además de reducir el riesgo de infección diseminada y neuropatía posherpética, también disminuye el riesgo de demencia en adultos.

CMC: ¿Cómo pueden los profesionales de la salud y las autoridades de salud pública mejorar las tasas de vacunación de adultos ante la aparición de virus emergentes como el H3N2?

Dra. Correa: Lo primero es conocer las recomendaciones de vacunación anual para todos los pacientes, especialmente adultos mayores de 60 años, con comorbilidad cardiovascular y con enfermedades que produzcan inmunodeficiencia, como enfermedades autoinmunes, VIH, cáncer y pacientes trasplantados de órgano sólido o de médula ósea.

Conociendo las recomendaciones, ofrecer la vacunación a todos los pacientes. Aunque en épocas de lluvia hay una mayor circulación de virus, Colombia es un país tropical sin estaciones marcadas; lo ideal sería vacunar en los primeros meses del año, pero se puede vacunar en cualquier momento; lo importante es no perder nunca la oportunidad de vacunar a ningún niño o adulto.

CMC: ¿Qué consejo les daría a los adultos que dudan en vacunarse y cuáles son las vacunas que no pueden faltar en la adultez?

Dra. Correa: Las vacunas son la mejor herramienta de prevención de enfermedades infecciosas disponibles: reducen enfermedades graves, hospitalización, muerte y secuelas a largo plazo. Son seguras; sus efectos adversos son leves y transitorios, y no existe evidencia científica sólida que las vincule como causa de otras enfermedades.

Prevenir infecciones mediante vacunación evita que enfermedades de base se descompensen y conduzcan a hospitalización o a complicaciones cardiorrespiratorias y neurovasculares.

En un adulto de 60 años son mandatorias:

Influenza anual (trivalente o tetravalente).

Covid-19 con la formulación actualizada disponible; la del 2025 en el país tenía cobertura para la variante JN1.

Neumococo conjugada (13 o 15), seguida a las 8 semanas por neumococo 23 polisacárida; cuando esté disponible la conjugada 20, una dosis única de esta sería suficiente.

Varicela zóster recombinante: 2 dosis, especialmente en mayores de 55 años para prevenir reactivaciones (en quienes tuvieron varicela) y la neuropatía posherpética.

Tétano, difteria y tosferina: un refuerzo del esquema completo al menos cada 10 años.

Virus respiratorio sincitial: una vez esté disponible en el plan para adultos; actualmente en el país solo está aprobada e indicada para mujeres gestantes.

Otras vacunas, como fiebre amarilla y dengue, están contraindicadas en adultos mayores o en personas con inmunosupresión y deben evaluarse según el riesgo epidemiológico individual.

Vacunas como hepatitis B, hepatitis A y meningococo dependerán de las condiciones especiales del paciente, ocupación (personal de salud) y si existe inmunidad natural previa.



Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. N° 39 (Marzo – Mayo 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYa

12 abril, 2026

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