La educación médica en un mundo que cambió: Ciencia, juicio clínico y responsabilidad social en la era de la inteligencia artificial
Controversia, Educación Médica, Inteligencia Artificial

La educación médica en un mundo que cambió: Ciencia, juicio clínico y responsabilidad social en la era de la inteligencia artificial

En los últimos años se ha instalado con fuerza la idea de que la educación médica atraviesa una crisis de sentido.


Por: Paula Catalina Vásquez Marín, M.D., M.Ed. – Presidente ASCOFAME – Decana Facultad de Ciencias de la Salud – Universidad CES


Introducción

Se afirma que ha perdido su vínculo con la sociedad, que forma profesionales desconectados de las necesidades reales de los sistemas de salud y que no logra responder a los desafíos contemporáneos. Sin embargo, esta lectura resulta incompleta.

La educación médica no ha perdido su sentido social; lo que ha ocurrido es que el mundo cambió más rápido que los paradigmas formativos desde los cuales seguimos enseñando.

Han cambiado los estudiantes, los perfiles epidemiológicos, las expectativas sociales, los sistemas de salud y la relación entre conocimiento, tecnología y práctica clínica. En este nuevo escenario, conceptos históricamente centrales como la semiología, las ciencias básicas biomédicas, el juicio clínico y, más recientemente, la inteligencia artificial, requieren ser releídos críticamente, no para ser abandonados, sino para recuperar su sentido formativo y su pertinencia social.

Brechas entre lo que enseñamos y lo que la sociedad necesita

Las brechas actuales en educación médica no se explican por la ausencia de innovación, sino por desalineaciones estructurales entre los currículos, las necesidades del sistema de salud y las realidades sociales.

Persisten modelos formativos excesivamente hospitalocéntricos, fragmentados por disciplinas y centrados en la acumulación de información, mientras la sociedad demanda médicos capaces de actuar en redes, comprender determinantes sociales, trabajar interprofesionalmente y tomar decisiones éticas en contextos de incertidumbre.

Estas brechas se expresan en múltiples dimensiones: sobreutilización de tecnologías diagnósticas sin hipótesis clínicas sólidas, dificultades en la atención primaria y comunitaria, inequidades en el acceso a la salud, y profesionales técnicamente competentes, pero con altos niveles de agotamiento y pérdida de sentido del cuidado.

Superarlas exige ir más allá de ajustes curriculares superficiales y revisar los paradigmas formativos de fondo.

Semiología y razonamiento clínico: entre la nostalgia y la evidencia

Uno de los debates más recurrentes se centra en la semiología y el examen físico. Con frecuencia se afirma que los médicos “ya no miran ni tocan a los pacientes”, mientras otros sostienen que estas prácticas han sido superadas por la tecnología. La evidencia disponible permite una lectura más equilibrada.

La anamnesis rigurosa y el examen físico orientado por hipótesis clínicas continúan siendo componentes centrales del proceso diagnóstico, al estructurar el razonamiento clínico y guiar el uso adecuado de pruebas complementarias.

Sin embargo, la literatura también muestra que no toda semiología aporta el mismo valor diagnóstico, y que la repetición ritualizada de maniobras sin fundamento probabilístico ni propósito clínico tiene un impacto limitado en la toma de decisiones.

El desafío no es defender la semiología por tradición, sino enseñarla con intencionalidad, basada en evidencia y articulada al razonamiento clínico, complementándola con tecnologías cuando estas aportan valor real.

En este sentido, la semiología no compite con la tecnología; se fortalece cuando ambas se integran de manera crítica.

Ciencias básicas biomédicas y el legado flexneriano: vigencia y transformación

También hay debate cuando hablamos sobre las ciencias básicas biomédicas y el denominado modelo flexneriano. Con frecuencia se responsabiliza a Flexner de la fragmentación curricular y de la enseñanza memorística de contenidos desconectados de la clínica.

Sin embargo, una revisión histórica rigurosa muestra que esta interpretación corresponde más a una deriva curricular posterior que al ideario original de Flexner, centrado en una medicina científicamente fundamentada, integrada al entorno clínico y orientada al desarrollo del juicio profesional.

La evidencia contemporánea confirma que las ciencias básicas biomédicas —fisiología, fisiopatología, biología molecular, genética, inmunología, farmacología, epidemiología, entre otras— siguen siendo esenciales para la formación médica.

Su valor no reside en la memorización de contenidos, sino en su capacidad para explicar mecanismos, anticipar desenlaces y sostener decisiones clínicas en contextos complejos, es decir: formar el juicio clínico del médico.

Cuando se enseñan de manera aislada y temprana, su aporte para que el estudiante sea capaz de usarlas para razonar y tomar decisiones clínicas reales, y no solo para aprobar exámenes teóricos, es limitada; cuando se integran longitudinalmente a la experiencia clínica, se reorganizan como herramientas cognitivas al servicio del juicio clínico.

Superar los límites del modelo tradicional no implica abandonar la ciencia, sino devolverle su sentido formativo, articulándola de manera continua con la clínica y con los problemas reales de salud.

Transformaciones estructurales en la educación médica contemporánea

Los cambios relevantes en educación médica no corresponden a tendencias aisladas, sino a transformaciones estructurales ampliamente documentadas en la literatura internacional:

Formación basada en competencias y EPAs, (Actividades profesionales a confiar) con evaluación programática, que desplaza el énfasis del tiempo cursado hacia la demostración progresiva de desempeño confiable.

Educación de precisión, que utiliza datos longitudinales del aprendizaje para personalizar trayectorias formativas y fortalecer el juicio clínico, sin sustituir el rol docente.

Integración de escenarios reales de práctica con simulación avanzada, que permite entrenar habilidades técnicas y no técnicas en entornos seguros y transferibles.

Interprofesionalidad y trabajo en red, esenciales para responder a sistemas de salud complejos y fragmentados.

Salud global, equidad y enfoque One Health, como dimensiones formativas indispensables en un mundo interdependiente.

En todos estos ejes, el foco se desplaza de la acumulación de información hacia la capacidad de razonar, decidir y adaptarse.

Tecnología, inteligencia artificial y educación de precisión

La incorporación acelerada de tecnologías diagnósticas e inteligencia artificial ha reconfigurado el debate educativo.

Estas herramientas muestran potencial para apoyar decisiones clínicas, pero su desempeño depende de la calidad de los datos de entrada y carece de comprensión contextual, valores profesionales y responsabilidad ética.

El riesgo no radica en la tecnología en sí, sino en la externalización acrítica del juicio clínico. En este contexto, la educación de precisión emerge como un enfoque que articula ciencia, clínica y tecnología de manera coherente.

Al identificar brechas de comprensión y patrones de desempeño, permite intervenciones formativas oportunas que fortalecen el razonamiento clínico y revalorizan el rol del docente como intérprete experto del aprendizaje.

La educación de precisión no busca automatizar la formación ni estandarizar trayectorias, sino formar médicos capaces de ejercer un juicio adaptativo, informado por datos, pero guiado por valores y contexto.

El caso colombiano como contribución al diálogo global

La experiencia colombiana ofrece una contribución relevante al debate internacional. El modelo de gobernanza colegiada articulado a través del Consejo General de Educación Médica (CGEM) y ASCOFAME, las recomendaciones nacionales para la educación médica de pregrado (2019) y el esfuerzo por articular el continuo formativo —pregrado, posgrado y desarrollo profesional permanente— constituyen un ejercicio de autorregulación académica orientado a la calidad y la pertinencia social.

Riesgos de la inacción

No actuar frente a estas transformaciones implica riesgos significativos: el uso de tecnología sin marco ético; currículos desalineados de las necesidades del sistema de salud; una formación hospitalocéntrica que profundiza inequidades; y la producción de profesionales técnicamente competentes pero humanamente exhaustos, con dificultades para sostener el sentido del cuidado y del servicio.

Estos riesgos ya son visibles y afectan tanto la calidad de la atención como el bienestar de los profesionales.

La educación médica contemporánea no enfrenta una pérdida de sentido, sino el desafío de cerrar las brechas crecientes entre lo que enseñamos y lo que la sociedad realmente necesita de sus médicos.

Fuente: Órgano de información del Colegio Médico Colombiano. Epicrisis. Ed. Nº 39 (Marzo-Mayo 2026). ISSN: 2539-505X (En línea). #SaludDignaYA

27 marzo, 2026

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