Actualidad, Editorial

La tragedia del Titanic de la Salud


Cuatro crisis, cuatro enfermedades y cuatro recomendaciones a los candidatos a la Presidencia y al Congreso de la República.


Por Stevenson Marulanda Plata – Presidente del Colegio Médico Colombiano


“La salud es una realidad social, un proceso social y un proceso político; es por ello indisoluble de todos los demás procesos sociales, políticos, educativos, ético-morales y económicos.”
David A. Tejada de Rivero
Exministro de Salud del Perú – Expresidente de la Academia Peruana de Salud


El sistema de salud colombiano es un gigante que nació con los pies de barro, por eso camina tambaleándose. El Tiempo, julio del 2000

La reforma de la salud es urgente

El Colegio Médico Colombiano, fiel a su estilo y talante —estudiar, analizar, debatir y comprender los grandes asuntos de la salud en Colombia y de su talento humano, sin sesgos ideológicos, políticos, gubernamentales ni de oposición; apoyado siempre en narrativas, bibliografía, datos verificables y documentos serios, y actuando desde una perspectiva humanista, ética, científica, académica y pedagógica, con criterio democrático, incluyente y conciliador— se dirige a la Nación para exponer cuatro crisis estructurales del sistema de salud, cuatro enfermedades graves que requieren tratamiento urgente y cuatro recomendaciones dirigidas a los candidatos a la Presidencia y al Congreso de la República.

I. Crisis ideológica

Colombia vive una tensión profunda entre dos grandes visiones sobre cómo concebir, organizar, administrar y optimizar el Estado en general y su sistema de salud en particular, hoy aquejado por severos males crónicos agudizados. Entre sus problemas más apremiantes se encuentran: deudas exorbitantes —crónicas, crecientes e impagables— por decenas de billones a prestadores, proveedores y trabajadores; un colapso financiero generalizado; la liquidación e intervención de EPS ampliamente cuestionadas por sus pobres y desfavorables resultados, antes y después de la intervención; el cierre progresivo de servicios que, como fichas de dominó, se desploman uno tras otro; filas desesperadas e interminables en busca de atención o de medicamentos, con resultados inciertos; el hacinamiento de pacientes crónicos y terminales en los servicios de urgencias; hospitales y clínicas en bancarrota; y un torrente creciente de tutelas y quejas.

En este escenario, la salud de la población y la dignidad del talento humano naufragan entre dos trincheras ideológicas y políticas que se disputan el control del sistema.

Los pies de barro. El sistema de salud colombiano tiene una enfermedad congénita huérfana de alto costo: la deuda a prestadores, proveedores y trabajadores. El Tiempo, sábado 1 de julio del 2000.

II. Crisis moral y política

La crisis ideológica ha sumido al país en un laberinto de espejos morales, lleno de confusiones y paradojas, entre las cuales destacan las siguientes:

a. Mientras una trinchera sostiene que los recursos jamás alcanzarán porque el sistema promete más de lo que puede pagar, la otra afirma que sí son suficientes y que se evaporan por el mal manejo y la corrupción.

Paradoja: ambas captan un fragmento de la realidad.

Un Minsalud repudia la intermediación en el sistema de salud. El Tiempo, mediados del 2000.

b) Mientras una cofradía repudia a su opuesta por impura e indigna —sin revisar sus propias culpas—, la otra se defiende acusándola de lo mismo.

Paradoja: ambas tienen razón; hay culpas de parte y parte.

c) Mientras los defensores de lo público acusan al lucro del negocio de la salud de ser egoísta, inmoral y opaco, la iniciativa privada —convencida de encarnar una ética superior basada en el emprendimiento, la innovación, la eficiencia, la mejora de procesos y la agregación de valor al sistema— sostiene que sus críticos buscan regresar al viejo modelo anterior a la Ley 100 para capturar las rentas del Estado.

Paradoja: ambos extremos tienen algo de razón.

d) Aunque los dos dogmas coinciden en la necesidad de un Modelo de Salud Preventivo, Predictivo y Resolutivo, organizado en redes territoriales articuladas e inspirado en la Atención Primaria, persiste un desacuerdo letal sobre cómo materializarlo.

Así, mientras la “religión” estatista aboga por un modelo diseñado y administrado por los entes territoriales, la “religión” del mercado defiende el modelo vigente, organizado y administrado por las EPS.

Paradoja: consenso en el qué, guerra en el cómo; comparten el fin, pero no los medios.

e) Aunque ambas “religiones” reconocen la precariedad laboral del talento humano —pese a la existencia de un vasto panteón de leyes que prometen protegerlo y dignificarlo—, ninguna las hace cumplir; por el contrario, insisten en proponer nuevos cadáveres normativos, yertos y listos para ser enterrados en el Cementerio Nacional de Leyes de Macondo.

Paradoja: más leyes, menos justicia.

A este conjunto de paradojas se suman dos dilemas mayores:
¿aseguramiento colectivo estatal o individual privado?
¿contratación y auditoría públicas o privadas?

Y así, entre paradojas que confunden y dilemas que paralizan, el enorme Titanic de la salud —tetanizado por un trastorno de identidad disociativo (segunda enfermedad), esa rara condición mental en la que en una misma persona conviven dos o más identidades distintas que compiten por tomar el dominio de su comportamiento — navega como si dos almas antagónicas se disputaran el timón. El resultado inexorable es su hundimiento en un océano de debates estériles, deudas colosales, desatenciones crecientes, miseria laboral y un sufrimiento social que se agrava día tras día.

Ecuación de la tragedia:

Ecuación que soporta las paradojas y dilemas del sistema de salud colombiano, donde el Estado y el mercado son enemigos acérrimos, mientras la cuarta enfermedad, la corrupción —el verdadero cáncer metastásico del sistema— sigue campante, causando estragos.

Ecos históricos de las paradojas y dilemas

A la izquierda, José Félix Patiño, entonces presidente de la Academia Nacional de Medicina, advierte sobre la crisis del talento humano en salud y la quiebra progresiva de clínicas y hospitales desde la aparición de la ley 100. En el centro, Inés Gómez Vargas, Superintendente Nacional de Salud (1998–2000), denuncia la presencia de “colados” en el régimen subsidiado pese a tener capacidad de pago. A la derecha, Juan Luis Londoño, exministro de Salud y arquitecto de la Ley 100, defiende sus beneficios señalando que los salarios de los médicos son los mejores de Latinoamérica y que la Encuesta Nacional de Calidad en Salud reporta que más del 80% de los encuestados califican favorablemente los servicios de salud. El Tiempo, mediados del año 2000.

Historia de la crisis

“Ayer fue cerrada la sala de urgencias de la Unidad Hospitalaria Enrique de la Vega del ISS, al no solucionarse el problema de los contratistas. Funcionarios del ISS pidieron al presidente Uribe que intervenga para poner fin a la crisis. Asmedas denunció que la escasez de camas hospitalarias se ha agravado hasta el punto de que está causando 17 muertes en promedio por mes. Se presenta aglomeración de pacientes en los Centros de Atención permanente de la ESE Cartagena de Indias, esperando su remisión”. El Universal, 11 de agosto de 2004

III. Crisis laboral

La crisis laboral del talento humano en salud es profunda, histórica y persistente. A pesar de múltiples leyes, decretos y sentencias que declaran su protección, todas están muertas. De esta manera, una parte significativa del personal continúa sometida a formas de contratación precarias e indignas, con pagos injustos y diferidos, cargas laborales excesivas y condiciones de trabajo que atentan contra su bienestar y contra la seguridad del paciente.

El expresidente Alfonso López Michelsen elevó su réquiem por la profesión médica y señaló a la Ley 100 como la “mano invisible” de Smith, que le arrebató el alma y cavó su tumba. El Tiempo, domingo 30 de abril de 2000.

IV. Crisis informática

“Yo no entiendo cómo hacen un sistema de salud sin sistema de información; es como construir un ferrocarril sin rieles.” — José Félix Patiño Restrepo

Además de los pies de barro y del trastorno de identidad disociativo, nuestro sistema de salud padece otro terrible mal: ceguera informática (tercera enfermedad).  Cada año, el 8% de nuestro PIB danza desgaritado en un festín de facturas, cuentas de cobro, datos financieros, contables y clínico-asistenciales en miles de millones de registros que forman un archipiélago fantasmagórico de datos inconexos.

En semejante oscuridad la incertidumbre es la regla. Ningún mago puede establecer con certeza el valor real de la operación del sistema, la transparencia y legitimidad de los pagos, incluyendo el valor per cápita del aseguramiento (UPC).

De este modo, los cientos de hallazgos administrativos, fiscales y disciplinarios —muchos con magnitud billonaria y con connotación penal — reportados por la Contraloría General de la Nación alimentan, con cierta razón, la convicción de algunos de que en los bastiones blindados donde se refugia el lucro y  la integración vertical —cotos donde la información es patrimonio privado—, podrían operar cloacas y túneles ocultos por donde se desvían ingentes recursos del sistema de salud.

Este oscurantismo informático, alumbrado con mechones medievales, hace que las investigaciones y juicios de responsabilidad sean imposibles y la impunidad sea la regla: reconstruir un caso, probar un desfalco o rastrear una operación irregular es como buscar una aguja, no en un pajar, sino en una galaxia.

Recomendaciones a los candidatos a la Presidencia y al Congreso de la República

Nuestras cuatro respetuosas y honradas recomendaciones están dirigidas a curar las cuatro enfermedades que hemos diagnosticado en el sistema de salud: pies de barro (deudas enormes), trastorno de identidad disociativo (crisis ideológica, moral y política), ceguera informática (ausencia de interoperabilidad) y cáncer metastásico (la corrupción).

Ellas son:

1. Superar la crisis ideológica y el debate moral culpando al adversario político, aplicando la ecuación virtuosa:

Equilibrio entre lo público y lo privado. El sistema de salud colombiano debe regirse por esta ecuación, donde el Estado y el mercado se complementan estratégicamente en todo el territorio nacional y la corrupción se reduce a su mínima expresión.

2. Curar de inmediato los “pies de barro” del sistema.
Las graves dificultades que padecen hoy la población y las instituciones prestadoras, agobiadas por las deudas, requieren con urgencia una inyección de oxígeno financiero.

3. No tramitar más leyes para dignificar al talento humano en salud.
Se debe revisar exhaustivamente la legislación existente, cumplirla y hacerla cumplir.

4. La reforma estructural del sistema de salud debe ser una realidad en la próxima legislatura, y debe atacar de manera prioritaria la cuarta enfermedad: el cáncer metastásico de la corrupción.

Para lograr este último propósito, aconsejamos implementar

a) Interoperabilidad: la cura de la ceguera informática

Evocando al profesor Patiño, podríamos decir que la interoperabilidad informática son los rieles de un sistema de salud moderno, seguro y transparente.

Al permitir el flujo de datos en tiempo real entre todos los actores, elimina parcelas privadas de información, evita pagos ciegos y permite validar que lo facturado corresponde realmente a lo prestado.

b) Inteligencia Artificial

Aliada con la interoperabilidad, la IA puede convertirse en el mayor instrumento de transparencia del sistema de salud: integra y audita información en tiempo real, reduce la incertidumbre, la ineficiencia y la corrupción, y permite que cada dato asistencial y financiero sea trazable y verificable.

La IA identifica patrones anómalos de facturación, sobrecostos y desviaciones sospechosas, activando alertas preventivas. Los pagos se cruzan automáticamente con los servicios efectivamente prestados, evitando duplicidades, fraudes e impunidad. Así se fortalece la auditoría permanente, la vigilancia continua y la rendición de cuentas.

Alianza Nacional de Datos Éticos en Salud

Para garantizar la transparencia de la información, debe crearse una Alianza Nacional de Datos Éticos en Salud, integrada por:

– los ministerios de Salud, Hacienda y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones

– el Departamento Nacional de Planeación,

– la Academia Nacional de Medicina,

– las facultades de ciencias de la salud,

– hospitales y clínicas,

– los organismos de control,

– y una gobernanza clínica compuesta por la Federación Médica Colombiana, la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, la Asociación Nacional de Profesiones de la Salud (ASSOSALUD) y los colegios de profesionales de la salud con funciones públicas delegadas.

Gobernanza clínica

Llamamos gobernanza clínica al ámbito donde los profesionales de la salud ejercen autoridad ética, científica y humanista sobre los procesos asistenciales, orientando las decisiones clínicas y el uso correcto y racional de los recursos conforme a la evidencia científica, la lex artis de cada profesión de la salud y los principios bioéticos, con el fin de asegurar calidad, seguridad del paciente y sostenibilidad financiera del sistema.

La gobernanza clínica pertenece al terreno de la autonomía profesional responsable e implica rendición de cuentas (autorregulación), participación en la gestión institucional y capacidad para incidir en políticas públicas relacionadas con el talento humano y los modelos de atención.

Conclusión:

El Colegio Médico Colombiano, fiel a su responsabilidad histórica con la Nación, con la medicina, demás profesiones sanitarias y con quienes dedican su vida al cuidado de la salud, reafirma su compromiso de acompañar este proceso con independencia, rigor técnico, espíritu constructivo y absoluta neutralidad ideológica y política. Nuestra disposición es trabajar con quienes resulten elegidos para que las recomendaciones aquí presentadas contribuyan a un sistema de salud moderno, transparente, sostenible y al servicio de todos los colombianos.

2 diciembre, 2025

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